Junio.

Junio es el mes más delicioso del año por tanto como tiene de promesa...

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En junio se despiden las mañanas frescas y las sensaciones más cálidas comienzan su reinado con el nacer del día; y al calor de esas nuevas sensaciones comenzaba a saborear el verano que tenía por delante.

Había llegado pronto porque, a pesar de su rudeza, el invierno había pasado rápido y la primavera apenas si había saludado antes de que el calor del verano llegara, anticipando siempre la fecha que le otorga el calendario. Y allí estaba ella, a vueltas con sus tiempos y momentos, con sus planes y sus días, haciendo equilibrios para vivir hasta el último momento de una estación hecha para agotar al cuerpo y cargar el alma de energía… Ya regresaría de nuevo el invierno para darle una tregua al cuerpo y verse sobrellevado por aquella energía acumulada en el alma.

En sus veranos no faltaba nunca la playa ni todos sus accesorios, el mar era siempre un buen destino pero en verano se convertía en el único posible; biquinis y vestidos playeros además de otros outfits no menos refrescantes y sí más elegantes, tomaban su maleta, los libros tenían también un hueco ella, alguno nuevo, y alguno que pedía ya a letras una nueva lectura.

Decidió colarse en la cocina y regalarse la aventura de una nueva receta que remató con un cóctel para brindar consigo misma por la vida y el verano; se trataba en realidad de un menú completo que necesitaba practicar para estar segura de prepararlo de modo perfecto o, de lo contrario, su próxima cena familiar, con su madre y su crítica hermana con invitadas principales, se convertiría en un nuevo y absouto desastre que ansiaba evitar; quería evitar aquella comida, en realidad, pero sabía que no era posible y que, de serlo, era feo.

Y no había lugar ni cabida en la vida para feísmos, existían porque el mundo no era perfecto, pero esa era toda la concesión que estaba dispuesta a darles, toleraba su existencia y se permitía soñar que si no los miraba ni alimentaba, morían…

Claro que no quería pensar en cosas feas, en junio menos que nunca, y guardó para sí los días oscuros para deleitarse en los bellos y luminosos, en los aque anticipaban un verano de agua y sal, de arena y mar… de vida buena.

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