Fashion.

Se paseaba por el backstage, viendo a los modelos correr, a los diseñadores agitados y mil personas alrededor de ellos haciendo de la pasarela fashion... y magia.

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Nunca antes había visto un desfile desde el backstage, una y mil veces desde el front row o unas filas más atrás pero jamás viendo sus entresijos; los imaginaba pero, como suele suceder tantas y tantas veces, la realidad superaba a la ficción, también a la imaginación.

La ceremonia de la moda y la belleza, de la armonía creativa y las sorpresas, de la magia, del encanto, de las disonancias medidas y los atrevimientos estudiados tenía lugar sobre la pasarela, a la vista del mundo; detrás la ceremonia era distinta, era en realidad una ceremonia de confusión en la que no había lugar al error; un último toque de maquillaje, un detalle aquí, dos allá, un ajuste más, una última puntada, los zapatos… todo discurre a una velocidad vertiginosa hasta el último paso antes de la pasarela, a partir de ahí el tiempo se detine y el mundo observa la ceremonia de la moda y la belleza que es siempre una fashion week.

No iba a conformarse con ser parte de la fiesta aquella mañana, quería dejarse llevar por la moda vista por detrás descubriendo lo que sería tendencia un minuto antes de que lo supiera el mundo; se volvió loca con Andrés Sardá porque el suyo resultó ser un espectáculo por delante y por detrás y ella quiso ser Marianne por su arrojo y su belleza… también, más si cabe, por su lencería; quiso un abrigo XXL de Miguel Marinero y viajar al Hollywood que un día fue con Moisés Nieto para que él la vistiera para tal ocasión y quiso también que a él lo vistiera Devota & Lomba.

Sonrió con gran placer a la hora de Ágatha Ruiz de la Prada y quiso, por una vez, ser un corazón o un caramelo con las mismas ganas que quiso también colarse en unas mangas d Ángel Schlesser; el patchwork de María Escoté, que era de lo más fashion, atrajo su atención tanto como las deliciosas siluetas de Juan Vidal y el vestir cubista de Maya Hansen.

Era una locura, una confusión, una inmensa cantidad de tensión entretejida y, finalmente, una fiesta… entendió entonces, viéndola desde dentro, el verdadero ser de la fiesta de la moda, era en realidad la celebración de la creatividad cortada en tejidos, era el arte cuando cambiaba el lienzo por la tela y vestía el cuerpo en lugar de pintarlo.

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