Fake.

Érase una vez una inquietante historia de elecciones, votos, fake news y otras mentiras.

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A punto estuvo de convertir su café mañanero en carajillo cuando se vio frente a una pantalla en blanco tratando de organizar sus ideas para escribir acerca de las fake news en campaña electoral… se resistió a la tentación porque sabía que no serviría de nada (aunque negaría haberlo comprobado en alguna ocasión anterior) y optó por ver si con el folio blanco y el boli azul la cosa iba mejor por aquello de garabear ideas y, con suerte, lograr organizarlas, eso sí, acompañando su café de una torrija de vino.

El mundo parecía haberse revelado como nunca antes cotra las fake news, pensó al ver de pronto y de repente tanto adalid armando cruzadas contra ellas; se había revelado tanto que parecía que las fake news eran un invento moderno pero ella sabía bien que no era así, había cambiado el modo de hilarlas y difundirlas, claro, como habían cambiado los modos de comunicación y periodismo en todos los ámbitos pero nada había tan viejo como las fake news y el intento de manipulación de la opinión pública a través de ellas… por eso a ella le encantaban, siempre había presetado mucha más atención a las fake news (bulos, rumores, dimes, diretes y otras mentiras fueran noticia o no) y a sus fuentes que a las noticias tradicionales porque nada revelaba tanto de una persona, de un medio, de un partido político o de quien quiera que fuese como las mentiras a las que ponía un gran altavoz ¿dime de qué presumes y te diré de qué careces? algo así.

Había fake news (fake words, fakes… o mentiras en perfecto castellano) para todos los gustos y colores, algunas eran sólo rumores venidos a más, otras citas fuera de su contexto y todas, en el fondo y en la forma, mentiras con patas cortas que corren tanto como lejos puedan llevarlas los altavoces que se les ponga delante.

¡¡Igualdad!! gritaban algunos y algunas con la mirada encendida acusando de ser una cosa mala a quienes no se unieran a su grito… pero bajo la alfombra de la que los dotaba ese grito de ¡¡igualdad!! latía con fuerza un estado autonómico en el que no disfruta los mismos serivicios un tipo nacido en Valencia que otro nacido en Sevilla o en Madrid o en Bilbao o en A Coruña o… ¡¿habrase visto mayor fake new que ese grito de igualdad?! claro que preguntarse tal cosa de viva voz en lugar de hacerlo pasa sí podía convertirla en objeto de críticas de toda forma, tamaño y color ¡ay de ella si osaba entonces defenderse o tratar de explicarse! ni la Inquisición en sus mejores tiempos había sido tan brutal contra las brujas de antaño como los adalides de la corrección política contra las brujas (y los brujos) de hoy en día.

¡¡Voto útil!! se atrevían a gritar algunos y resultaba curioso ajustarse las gafas de ver de cerca para comprobar como quienes esgrimían la utilidad del voto como argumento y explicaban cómo no vale lo mismo un voto en un pueblo de Girona, Ourense o Jaén que en Madrid o en Barcelona… eran los mismos que jamás se plantearon una ley electoral más justa ni tan siquiera como una opción ¿a santo de qué no lo hicieron? ¡Ah de la vida! ¿nadie me responde?, que diría Quevedo (más por la fealdad de la respuesta que por su desconocimiento de ella, intuía).

¡¡Pacto!! gritaban todos al unísono sabiendo que ni aunque el mismísimo Jesucristo hiciera de nuevo el milagro de los panes y los peces esta vez con votos habría gobierno sin pacto de dos sino tres o trescientos partidos… ¡ay de quién se atreviera a hablar de esos pactos como el mercado del estraperlo político en el que se vendían derechos y servicios haciendo a las regiones, y con ellas a sus ciudadanos, cada día un poco más desiguales!. ¡Fascista! es lo más suave que podía llamarle… pero ella sabía que no había mayor fascismo que el nacionalismo por más que tratara de envolverse en el manto del mandato popular.

Había un barullo importante de gritos de patas cortas que comenzaban a resonar por doquier además de la ¡¡igualdad!! el ¡¡voto útil!! y el ¡¡pacto!! que eran ya clásicos y, mientras que trataba de organizarlos para seguir listándolos y explicándolos saltó uno a los titulares de todos los telediarios que los dio todos por cerrados…

‘Haz que pase’ decían otros… ¡es del Titanic! explicaban… ni Quevedo con su dominio del leguaje, la palabra y la poesía hubiera encontrado mejor metáfora electoral que el famoso trasatlántico viniéndose a pique, sólo faltaba el grumete gritando ¡sálvese quien pueda!.

Ella misma se sorprendió al leerse, había asociado las fakes news a los mensajes políticos en lugar de definirlas como informaciones que tratan de torpedearlos… ¿es el enemigo? preguntaban desde las trincheras ¿ustedes podrían parar la guerra un momento?.

¡Ah de la vida! ¿nadie me responde?.

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