Érase una vez… un día de cuento.

Un sol de otoño, casi invierno, se colaba en su cuarto aquel domingo y le regalaba un cálido despertar, como en un cuento …

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Un sol de otoño, casi invierno, se colaba en su cuarto aquel domingo y le regalaba un cálido despertar, como en un cuento … y así, cerca todavía de la inconsciencia del sueño y los sueños, decidió regalarse las horas de aquel día para escribirse en ellas un cuento, con su pluma, en su libreta … pintando las horas perdidas día tras día, como se pierde un calcetín en su lavado, para encontrarlas llenas de luz y color, de placer y de gozo, llenas de talento, de ilusión y emoción.

Quería ilusionarse y abrazarse como sólo ilusionan y abrazan los cuentos … sentir la emoción de un niño al escucharlos, sus ojitos abriéndose sorprendidos tras las gafas de ver las letras, aún sin saber leerlas, para cerrarse tranquilos, dejándose abrazar por la emoción cansada y el nacer de sueños nuevos llegando al colorín colorado.

Y su cuento de niña grande empezaba en un baño de caricias … caléndula, almendra dulce, jazmín, gardenia … inspirando la esencia de las velas para expirarla en su cuento secreto, escuchando el sonido de la belleza, mimando su pelo y su piel … para cubrirse luego con un punto de lana y disfrutar de un chocolate caliente al aroma del hogar. Se acomodaría en el sofá y, dejando libre su yo más íntimo, indiferente al tiempo y sus años, se dejaría llevar de lienzo en lienzo por un gato, para volver a ver al mundo y sus obras con la ilusión de quien cree en magos y princesas, en brujas buenas, héroes y villanos … la ilusión de quien no conoce la cara B de la vida …

No pensó más que en sí misma aquel domingo como tampoco él le dedicó más que un fugaz recuerdo, aquel en el que compartieran nieve y frío, pero mientras descendía la pendiente en su tabla y bien armado en Gore-Tex, la velocidad del viento y la suya propia alejaron aquel pensamiento … abandonándola a ella a su suerte en algún rincón de su alma enamorada … como estaba él aquel día dejado de su atención, perdido en un te quiero silenciado.

Se sabían diferentes, y lo eran, pero sólo en su ser, no en el sentir … en la necesidad de sentir y sentirse, de dejarse llevar por las pasiones más ardientes o los deseos más sencillos, y ambos jugaban a robar las horas al día menos pensado para hacerse todas las concesiones negadas antes, tantas veces …

Hoy … para el tiempo y al mundo … y sin pensar en ayer ni en mañana … cuéntate un cuento y concédete un sueño.

Life Looks Good.

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