Érase una vez … la vida.

Y en nuestros errores nos conocemos, y en el perdón y la enmienda, el reparar el daño y asumir la cicatriz … o en echar sal en la herida … o nada, dejarla al aire a la suerte de la cicatrización del alma. Somos libres de elegir ...

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Colgó el teléfono con un regusto amargo, ácido … de esos que llenan los ojos de agua y sal; la conversación había sido fácil, superficial, vacía … y la despedida un “ya hablamos” cargado de formalismo y vacío de sentido porque nunca hablarían, ni ya ni más tarde. Nunca. Jamás.

Errare humanum est …

Y en nuestros errores nos conocemos, y en el perdón y la enmienda, el reparar el daño y asumir la cicatriz … o en echar sal en la herida … o nada, dejarla al aire a la suerte de la cicatrización del alma.  Somos libres de elegir y ella había elegido dejar crecer el abismo de tiempo y distancia que las convirtió en desconocidas tras una vida juntas, un ser niñas y crecer al lado la una de la otra, convertirse en mujeres que un buen día se miraron a los ojos y no se reconocieron … y el abismo las hundió a cada una en el olvido de la otra.

Se echaban de menos, aún en el olvido … e imaginaba que de ese sentir la ausencia nacía aquella llamada, pero no había enmienda ni reparación del daño, no se veía cicatriz alguna … tampoco echaba sal en la herida pues no había ya herida, y así, de ahí, no nacía el perdón. No había rencor, tampoco perdón y por eso no habría un Ya, ni un mañana.

Se acomodó en el sofá con el riesgo ajeno entre las manos para llenar su cabeza de otras vidas, de otras historias y relatos, para alejar sus recuerdos de sí misma y calmar así su sentir emocionado … despertaban en su mente imágenes de tardes de compras, inocentes primero, aunque no tímidas … con otra idea e intención más tarde, momentos de confidencias y confesiones, chocolates compartidos en el enamoramiento más tonto y la ilusión más grande, noches … de estudio a veces, de libros, otras de fiesta … Y todo ello para llegar a un día de no entender, de querer entender y no poder, de pedir una explicación que nunca llega, de miradas vacías, de sentir el abismo en la mirada que antes le abrigaba el alma.

Tanto tiempo juntas, voluntarias ambas en el PMA y esa oportunidad de convertir una vocación, un deseo de vivir tendiendo una mano a quienes la vida les ha llegado en blanco y negro, casi perdida por una llamada no atendida, por un mensaje no entregado … y ninguna explicación … ningún lo siento … algo como un “tú éxito me ha hecho sentir pequeña” hubiera bastado, lo hubiera enmendado todo y borrado el error con un perdón … pero nunca ocurrió. Y lo lamentó como nunca y como nadie porque ella sabía de su talento más y mejor de lo que demostraba saber ella de sí misma y su valía.

La nada … fue todo entonces como la historia interminable … la nada avanzaba y todo desaparecía ante ella, frente a ella, en ella. Se despidió entonces dejando la nada atrás y en ella a su amiga del alma.

Y no había opción de salvar aquel abismo, ni tan siquiera tras los años transcurridos,  y no por el error, ni tan siquiera por la ausencia de enmienda y perdón … por el dolor, por el dolor de sentir una herida, de desangrarte por ella y el abismo … por las miradas vacías … porque ella decidió instalarse en el error, hacerlo parte de su ser bueno y en aquel instante dejó de ser quien había sido.

¿Y esa cara? – interrumpió él su divagar con el libro entre las manos –

me ha llamado  …

¿para decirte que lamenta casi haberte arruinado la vida?

No … también ha preguntado por ti.

¿Y?

¿cómo perdonar un daño si quien lo ha hecho ni tan siquiera lo ve?

¿No lo ve? ¿o no quiere verlo? – preguntó el tajante, duro, serio … no soportaba ver tanta tristeza en sus ojos, prefería su rabia a su tristeza …

No importa – respondió tomando aire – realmente no importa … nos hacemos cada uno en nuestros actos … y a veces nos deshacemos en ellos, cada quien elige donde instalar su morada

Él la abrazó … – ya sabes donde he instalado yo mi vida – susurró entre su pelo … dibujando una sonrisa en sus labios y al fondo de sus ojos, rescatándola del borde del abismo al que había vuelto.

Life Looks Good

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