Encuentros sin fin.

Hay días en los que, al despertar, amanecen contigo las certezas ...

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Hay días en los que, al despertar, amanecen contigo las certezas … certezas que al dormirte eran dudas, temores y sigilos, te sorprenden al alba convertidas en lo cierto …

Así le ocurrió a él aquella mañana; se durmió siendo la versión de sí mismo en que su adiós y la ilusión de su regreso lo habían convertido, para amanecer, de nuevo y sin pensar, junto a su ímpetu y su pasión dormidas, junto a sus «quiero» y «puedo» entrelazados. Miró su reloj, faltaban 10 minutos para el fugaz amanecer africano, ese que en tan solo un suspiro coloca el sol y su inmenso calor en lo más alto del cielo; se sintió de nuevo en sus zapatos, él mismo y no otro cómodo en sus zapatillas … y actuó sabiendo que su apuesta era un todo o nada, sintiendo su pasión y su ímpetu junto a la certeza de que, fuera como fuese el final de la noche al que se encaminaba, no lamentaría nada.

Lo primero que ella vio aquella mañana al despertar fue un amanecer africano en un segundo y junto a él una propuesta; esa noche, con él … en el lugar donde nacen los sueños. Sabía que aquel momento llegaría, era el fin de las paciencias y los tiempos … nunca los había supuesto eternos, nada podía serlo en él y en ese preciso momento, ni un segundo antes ni después, sintió cuánto lo había echado de menos.

Sonaba John Waite … estaban juntos, sentados él frente a ella, inquieto … ella a su vera jugando con un brazalete, pasándolo de una a otra muñeca, una y otra vez … Él la miraba, buscaba sus ojos sin encontrarlos porque ella entretenía los suyos jugando con sus manos y su pulsera. Sobre la mesa esperaban un par de copas de secretos compartidos callando un brindis por un futuro incierto entre sus hielos … Tomó él entonces sus manos y ella soltó al fin el brazalete; permitió que su mirada se encontrara con la de él, al tiempo que escuchaba las palabras que salían de sus labios … atropelladas … envueltas en su voz firme y en la pasión que lo había llevado a aquel lugar, aquella noche.

No sé qué pasó después, los vi así, tal cual os cuento, mientras recogía mis sueños y abandonaba el lugar pensando en vivirlos aquella misma noche … pero estabas tú, sí, tú … no te hagas la loca, ni mires por encima de tu hombro, que estoy hablando contigo … Estabas allí, bella y única con Lavand y no estabas sola, estaba aquel chico de tez perfecta al que mirabas coqueta mientras él jugueteaba con su reloj … diría que flirteabas. Vosotros visteis el final de la noche, vosotros sabéis si ella y él se llevaron juntos sus sueños o los dejaron atrás hechos añicos, si se dieron más tiempo o lo perdieron …

No podéis dejarnos así, con la intriga y el no sé una semana entera … hoy el Tale sólo puedes cerrarlo tú … y así como uno de vosotros lo cierre, empezaremos el siguiente … ¿te animas? te espero …

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