En blanco y negro.

Salieron juntos, de la mano, paseando tranquilos hacia un menú de domingo, mirando a la vida con otros ojos...

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Dejó la carta sobre la mesa, no decía nada que no supiera ya pero verlo en negro sobre blanco azuzó su tristeza. Se acercó a la habitación, de siempre le habían resultado más soportables las malas noticias con unas gotas de perfume, un aroma agradable sobre la piel y en su nariz era como un soplo de aire fresco para su ánimo; se fijó en el claim de su light blue, Dreaming Portofino, y pensó que no podía existir un aroma más apropiado para aquel preciso momento, el momento de los sueños rotos.

Volvió al salón, descalza, con su iPad de cartón en la mano, echó una mirada al vuelo al papel sobre la mesa quedándose con frases y palabras sueltas… reducción en el número de proyectos, cancelación de publicaciones, recortes en inversiones… Y sus letras, el sentido de su vida pasada y futura, su quehacer del presente, no pasarían así al papel en un libro; su acuerdo con la editorial era un recorte más, uno de tantos…

Se sentó en el suelo, sobre Chillida en su alfombra, sobre el blanco y negro de un dibujo que le parecía entonces una metáfora perfecta de la vida, un juego de equilibrios sobre el arcoíris que acaba siempre en todos los colores y en ninguno, en el negro y en el blanco, el fracaso o el triunfo, sin más. Pero no quería dejar vagar su mente por aquellos derroteros, se conocía bien y sabía que no eran aquellos días para pensar, eran momentos más de sobrevivir que de vivir. Acomodada sobre su alfombra sacó el ipad del cartón y se dispuso a pasearse loffit.abc.es, a dedicarse un rato de cosas bellas y útiles, de evocadoras imágenes y letras de ilusión abrazadas a un sueño.

No tardó en oir ruído de llaves, era él que volvía del footing de domingo, correspondió a su sonrisa con otra que no era más que una mueca y volvió a su particular paseo virtual… Él la observó desde la puerta un minuto y decidió concederle un rato más de autocomplacencia y lamento… el que necesitaba para recomponerse en Habana Blues y Acqua de Giò.

El entró de nuevo en el salón, dejó un Beba’s blanco con hombros de Audrey y cintura de Liz sobre el sofá y se sentó a su lado en el suelo, en los blancos y negros de su alfombra… – niña…– dijo con voz tan pausada y suave como convincente y segura – puedes ver la vida en blanco y negro, si quieres… pero recuerda que ni el blanco es tan luminoso ni el negro un pozo tan profundo… – ella sonrió con un deje de tristeza – solías decir que nadie es tan grande como sus triunfos ni tan pequeño como sus fracasos – En un gesto de prestidigitador sacó el papel de su bolsillo… – ¿esto te parece un fracaso? yo sólo veo un recorte, un frenazo, el camino que se empina un poco, sí… pero tú… tú no eres de las que se rinden ¿verdad? – Lo miró sonriendo esta vez sí, desde el alma, dejándose arrastrar por su pasión por la vida y el futuro… y se vistió para la lucha, en blanco el cuerpo y en luz dulce el rostro.

Salieron juntos, de la mano, paseando tranquilos hacia un menú de domingo de par de huevos, rotos o en tortilla, mirando a la vida con otros ojos tras los cristales de unas Pantos para imaginarla y descubrirla hoy como ayer, para que el brillo de la belleza y el feísmo del mundo no les impidiera viajar a la esencia de las cosas.

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Corre. Correr por tu vida y por la suya. Correr por tu libertad y por la libertad misma. Huir para no sucumbir. Eso y un cuento de domingo y sueños raros. + ver

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