Mario Merz, el consumismo frente a la naturaleza.

El Palacio de Velázquez de Madrid enmudece ante la concepción del tiempo de Mario Merz. La retrospectiva repasa toda la trayectoria del artista italiano.

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El Museo Reina Sofía presenta la retrospectiva más completa realizada en España hasta la fecha dedicada a Mario Merz (Milán, 1925 – 2003). Organizada en colaboración con la
Fondazione Merz, El tiempo es mudo ofrece un recorrido por las distintas vertientes del trabajo del artista italiano a través de una selección de más de medio centenar de piezas. Fechadas entre los cincuenta y los noventa, abordan tanto su primera época abstracta como su evolución hacia el Arte Povera, del que fue uno de los exponentes más destacados.

La exposición bascula sobre dos grandes ejes: la necesidad de conectar de nuevo al individuo con la naturaleza, según el concepto ideológico de Merz, y contextualizar el trabajo del artista dentro de su periodo histórico. Mientras en Francia se gestaba el famoso mayo del 68, Mario Merz ya había tomado conciencia de la profunda relación del arte, la vida y el compromiso social. Esta lectura enlaza con la corriente povera que refleja las protestas francesas, los incidentes de la Primavera de Praga o las grandes huelgas de obreros y estudiantes en Italia. De ahí su estética antielitista y la reivindicación del material de “desecho” como expresión de la disconformidad ante la deshumanización industrial y el consumismo desordenado.

Un elemento clave en la obra de Mario Merz es la mesa como metáfora de la condición humana, como objeto polisémico que sirve tanto para reunirse, celebrar o comer, como espacio de trabajo, como sitio de intimidad, de conversación… Una tabla a la que se le añaden patas para convertirla en mesa resume toda la metodología povera del artista. Las pinturas e instalaciones con mesas en forma de espiral son una de las variaciones del prolífico trabajo de investigación en torno a la serie de Fibonacci. Esta fórmula matemática resume el crecimiento recurrente en el mundo biológico y le brinda una oportunidad fascinante para explicar los fenómenos complejos que tanto le obsesionaban.

Pero si hay un objeto que plaga de significados el imaginario del milanés es el iglú. «En el iglú no existen ángulos, no hay salientes, no hay líneas rectas. Es una casa, pero también un lugar mágico que evoca la protección y despierta al tiempo sensaciones religiosas«. Para él eran construcciones idílicas que evocan lo primitivo, los inicios de la arquitectura y la historia indígena. Los iglúes de Merz no se construyen con nieve, sino con desperdicios y material reciclado del mundo industrial, por lo general vidrio.

También los neones forman parte de la iconografía “merziana” y su interés por la luz y la energía. Además, su aspecto frio y tecnológico contrasta con la pobreza del resto de los materiales empleados por artista. Merz comenzó a usar neón en 1966, primero en relación con la pintura —en lienzos en blanco perforados con delgados tubos de neón—, después en la escultura, como llama de luz visible para recrear una atmósfera prehistórica. En obras como Che Fare? el neón no sólo altera la constitución física de la obra, sino también su aspecto visual.

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Mario Merz. El tiempo es mudo. 11 octubre, 2019 – 29 marzo, 2020. Parque del Retiro, Palacio de Velázquez. Organización: Museo Reina Sofía en colaboración con la Fondazione Merz. Comisariado: Manuel Borja-Villel.

Más información Museo Reina Sofía. MadridFondazione Merz

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