El universo mágico de Dorothea Tanning.

Organizada por el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, esta exposición es la primera retrospectiva dedicada a la artista surrealista Dorothea Tanning.

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Dorothea Tanning creía en el poder del arte para crear espacios, sensaciones e ideas más allá de lo real. Tal vez por ello, las puertas fueron para ella como un talismán, una especie de objeto mágico cuyo significado revela una experiencia vital. El cuerpo, sobre todo el femenino, es el otro elemento que domina su obra. Se trata más que de cuerpos clásicos, de cuerpos incompletos a través de los cuales explora la identidad. La suya, pero también la de la infancia, la de la mujer rechazando el rol de la maternidad, el concepto de la mujer como musa y los tradicionales papeles cosificados vinculados a la mujer y, especialmente, la idea de la mujer en el Surrealismo.

Cruzar el umbral del universo Tanning supone quebrantar los límites de lo visible, de lo conocido, de lo tangible. Es como saltar al otro lado del espejo de la Alicia de Lewis Carroll, una fascinación vertiginosa que la artista jamás ocultó. Como tampoco lo hizo por sus otras pasiones artísticas, literarias y objetuales. El ajedrez de Duchamp o las explosiones poéticas de Lautréamont son buenos ejemplos de ello. Fetiches que, mezclados con los delirios rimbaudianos o el “cuarto propio” de la Woolf, arrojan un resultado tan onírico como enigmático.

Dorothea Tanning creció en la pequeña ciudad de Galesburg (Illinois), donde nació en 1910. De allí salió hacia Chicago para estudiar en el Art Institute. Pero fue en el MoMA donde se abrió la primera puerta hacia el surrealismo, el Dada, el arte onírico y su propio mundo interior. El resto se lo bebió en París, a morro y sin contemplaciones. Allí conoció a Max Ernst (con quien se casó después, en una boda conjunta con Man Ray y Juliet Browner) y a toda aquella tropa surrealista que se reunía en el Flore, el Certa, el Grillon del Passage de l’Opéra o en el Cyrano de la Place Blanche.

No sólo se dedicó a la pintura (y a escultura de tela posteriormente). En los 40 diseñó decorados y trajes para los ballets de George Balanchine. También hizo sus pinitos cinematográficos a la vera de Hans Richter y le dedicó buena parte de su talento al noble oficio de la escritura.

Todas estas facetas se muestran con detalle en la exposición que el Museo Reina Sofía, con el apoyo de The Destina Foundation y Fundación Museo Reina Sofía, dedica a la artista norteamericana. La muestra incluye más de 150 obras de arte —pinturas, dibujos, collages, esculturas e instalaciones— creadas entre 1930 y 1997, muchas de ellas nunca antes vistas por el público, procedentes de colecciones privadas e instituciones como el Centre Pompidou, la Tate Modern o el Museo de Arte de Filadelfia.

La exposición se articula en habitaciones temáticas que discurren por las diferentes etapas artísticas y vitales de la trayectoria de Tanning, desde las escenas de infancia hasta las representaciones de flores y esculturas blandas. Se abre con un delicado autorretrato a lápiz de 1936 y termina con un autorretrato tardío, Woman Artist, Nude, Standing (1986).

Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta no sólo recupera la visión única y audaz de la artista. Es una invitación a explorar sus enigmas, a hurgar en cada pista, en cada detalle y a través de ellos trascender al mundo de mágico de Tanning. Ella misma habló en estos términos de su práctica artística: “Tú sacas el cuadro de su jaula junto con la persona […] Tú eres simplemente el visitante, magníficamente invitado: Entra“. ¿Se puede?

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Detrás de la puerta, invisible, otra puerta. Museo Reina Sofía. Madrid. Comisaria: Alyce Mahon. Hasta el 7 de enero.

Más información Museo Reina Sofía

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