Cristóbal Toral.

Un artista obsesionado con las maletas y los viajes, que partiendo de los clásicos ha llegado a la más contundente vanguardia.

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Al abrir la maleta de Cristóbal Toral lo primero que uno encuentra es la sencillez, la cercanía, la cordialidad. Las maletas y los viajes obsesionan a este creador, que reconoce sentirse más o menos cómodo cuando le consideran como pintor figurativo. Pero Cristóbal Toral es mucho más que eso. Como él señala, es un artista que ha partido de los clásicos “para llegar a la más contundente vanguardia”.

Nació el 15 de abril de 1940 en Torre-Alhaquime (Cádiz); aunque toda su infancia y su adolescencia la pasó en Antequera junto a su padre, “carbonero de prestigio” como a él se refiere en su autobiografía, que le enseñó a manejarse por la vida. De origen humilde, con pocos recursos, era difícil prever que terminaría convirtiéndose en el pintor de prestigio que es hoy en día y que acabaría trabando amistad y retratando a personas tan sobresalientes como Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Severo Ochoa o Félix Rodríguez de la Fuente.

La clave de su éxito han sido el esfuerzo y el trabajo. Así lo pone de manifiesto al confirmar esa frase tan conocida de Picasso: “la inspiración te tiene que pillar trabajando”, porque según explica, el proceso de pintar va surgiendo poco a poco. Uno va emborronando un lienzo y mientras trabaja en él, van surgiendo las cosas que el artista tiene que decir.

“El Rey tiene altura de miras y sabrá entender la libertad del artista”

Una de las últimas cosas que dijo Cristóbal a través de sus pinceles levantó mucha polvareda este septiembre en los medios de comunicación. Colocó un retrato del Rey Juan Carlos en un contenedor y se armó la marimorena. “Para mí, el contenedor es una metáfora de la vida. Al contenedor van las cosas que han hecho ya su servicio. Así que cuando estaba trabajando en la escultura-instalación y saltó la noticia de la abdicación del Rey pensé: esto me ha resuelto esta obra. El monarca ha hecho ya su servicio (un magnífico servicio de más de 30 años) y yo lo que he hecho ha sido interpretar la dureza de la realidad creando una obra de arte”.

Hay quien le ha revelado que don Juan Carlos tiene una pequeña acuarela suya y le han preguntado si no tiene miedo de que a raíz de esta nueva creación vaya a quitar su acuarela de la pared. “El Rey tiene altura de miras y sabrá entender la libertad del artista”, responde tajantemente. Y añade que además siempre le ha caído muy bien “y siempre ha sido muy afectuoso conmigo”.

«Un artista debe estar por encima de las ideologías»

Polémicas al margen, Toral entiende que un artista debe estar por encima de las ideologías por una sencilla razón: “para poder criticar a unos y a otros”. Así que cuando se habla de políticos afirma con sinceridad que él no tiene en cuenta color o bando alguno, sino que lo que hace es “valorar a la persona”. Pero termina apuntando que los creadores e intelectuales contemporáneos deben ser críticos con la realidad que estamos viviendo: “Es necesario hablar de renovación, es algo muy coherente hoy en día, porque hay que renovar los cimientos del sistema”.

Pasamos página y hablamos con Cristóbal de las cosas importantes de la vida. Recordamos con él esa secuencia mágica de Woody Allen en la película ‘Manhattan’, en la que el actor y director neoyorquino hace un repaso de las cosas que le conmueven y por las que merece la pena vivir. Suscribe todas ellas y añade algunas más: “Estar en el planeta, ver el espacio, el firmamento, ver el Universo, etc”. Es consciente de que hay muchas cosas bellas. “Contamos con las obras de tantos genios” nos dice. Y señala algunas de ellas: “‘La tempestad’” de Giorgione, las pinturas de Rembrandt, Leonardo Da Vinci, la música, la literatura, etc.”

Esa es la vida “con su parte luminosa y con su parte oscura”

Hablando de las cosas importantes de la vida, Toral termina reflexionando que junto con las cosas buenas “hay cosas horribles” y que al fin y al cabo esa es la vida “con su parte luminosa y con su parte oscura”. La parte más oscura es la muerte, la que Steve Jobs definió como “el mejor invento del mundo”, un invento que Cristóbal “retrasaría lo máximo posible”.

Cerramos la maleta y despedimos a Cristóbal Toral, ese pintor que ha conseguido crear un mundo propio: “lo más difícil de conseguir para un artista”. Y decimos adiós al viaje, al tránsito de la vida, esperando volver a encontrar a Cristóbal en la próxima estación.

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