La rosaleda de Nelly y Armand.

Aaron de Mey crea una colección de maquillaje absolutamente irresistible; un homenaje al fundador de Lancôme.

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Esas tardes luminosas, esa brisa suave y cálida, ese aroma dulce tan especial… Parecía que no iban a llegar nunca, ¿verdad? Pero al final, pese a su resistencia a salir del letargo, la primavera ha irrumpido con todo su esplendor. Todo invita a salir, a pasear sin rumbo, a respirar, relajarse, dejarse llevar, imaginar historias deliciosas y vivirlas, claro.

Eso ha hecho Aaron De Mey -director artístico del maquillaje Lancôme– imaginar una historia mágica en la que belleza y dulzura se entremezclan, retozando entre las tonalidades de una exuberante rosaleda en flor como si de un encantamiento se tratara. Inspirándose en la luz de la primavera y en la frescura de un jardín de rosas, Aaron de Mey crea una colección de maquillaje absolutamente irresistible, voluptuosa, sensual al tiempo que tierna e inocente, La Rosarerie des Delices. Un homenaje a la rosaleda de Nelly y Armand Petitjean -fundador de Lancôme-, su lugar favorito y el emblema de la marca.

El rostro se ilumina con los tonos rosados suaves del blush La Roseraie, los matices melocotón realza la carnosidad, corrigiendo además las pequeñas rojeces con sutiles toques de nácar verde almendra. El resultado: piel como un pétalo de rosa. Para los ojos Aaron propone dos paletas de color; la primera, inspirada en las tonalidades de los capullos de rosa –matices en verde claro, pistacho y menta- diseñada para un look delicado e inocente; con la segunda –del rosa más tierno al fucsia encendido- se logra un maquillaje sensual. Para los labios, el French touch se reinventa cada primavera y este año recupera uno de los emblemas del patrimonio Lancôme, el rojo Grand Canal creado en 1954. Un juego de metal brillante con un toque delicioso gracias a su decoración de espirales verde claro inspirada en los caramelos berlingot. Su fórmula satinada adopta tonos vivos: naranja mandarina ácido, fucsia reluciente y un irresistible rosa caramelo. En cuanto al gloss, Color Fever Gloss apuesta por los tonos naturales con una fórmula rica en aceite de almendra dulce para hidratar y proteger y un delicioso perfume de lavanda. Los tonos: verde claro, mandarina y rosa chicle.

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