Tengo miedo.

El miedo es necesario, tenerlo no es falta de valentía o inseguridad...

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¿Qué hace que se nos dilaten las pupilas, acelere la respiración, sintamos taquicardia,  reducción de salivación y de la actividad digestiva, estrechamiento de las arterias, aumento de la presión sanguínea y bajada de nuestra temperatura corporal?  Simplemente ver una película o caminar por una calle, aunque hay que añadirle que percibamos que en esa película va a pasar algo terrorífico o que en la calle sintamos alguna situación de peligro… instintivamente nuestros sentidos lo comunican a la corteza cerebral a través de los haces nerviosos, y nuestro cerebro a nivel cortical acciona nuestro sistema de alerta y es entonces al sentir el peligro cuando tendrán lugar los cambios físicos mencionados.

Estos cambios se deben a que a nivel subtalámico se provoca una reacción que manda una señal a la glándula hipófisis que segrega una hormona, la Adrenocorticotropa (ACTH) que informa a las glándulas suprarrenales que a su vez inyectan a la sangre distintas hormonas sobre todo Adrenalina…y ya tenemos nuestro cóctel para sentir el miedo y encontrarnos en estado de alerta. A partir de ahí hay unas reacciones físicas bastante comunes y unas reacciones que difieren más según la persona, estas serían las reacciones a nivel de pensamiento y por tanto de actuación, por ejemplo en la calle desierta en la que oímos unos pasos y percibimos que es una situación potencialmente peligrosa podemos reaccionar acelerando el paso, intentando huir, o girándonos y viendo qué hay tras nosotros para enfrentarnos al “extraño” o podemos buscar un sitio para escondernos.

Gracias a nuestro sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones y básicamente regula todas las funciones de conservación de la persona, podemos tener la tranquilidad de que nuestro cuerpo reaccionara ante una amenaza, y que este sistema revisa constantemente, incluso durante el sueño, toda la información que recibimos a través de los sentidos, para procesarla de forma adecuada y actuar en consecuencia. Dentro del sistema límbico encontramos la estructura que controla las emociones básicas como el miedo, es la amígdala, encargada entre otras cosas de localizar la fuente del peligro, al activarse se desencadena la sensación de miedo y ansiedad.

Pero no todos sentimos miedo ante las mismas cosas, el miedo tiene una representación cerebral en la que se expresan los temores y estos pueden ser distintos dependiendo de la persona. Pero sí actúa en todos como un mecanismo de alarma que nos protege y sin el cual puede que ya no existiera la humanidad, el miedo, mejor dicho todo lo que desencadena el miedo nos permite alertarnos y superar los peligros que están a nuestro alrededor. No obstante también el miedo puede crear patología, como por ejemplo el tener demasiado puede hacernos entrar en estado de pánico, y eso disminuye la capacidad natural de defensa que nos provoca el miedo.

De forma que debemos tener presente que el miedo es necesario, tenerlo no es falta de valentía o inseguridad, el miedo es una defensa natural, nuestro sistema personal de alarma y por ello debemos saber utilizarlo adecuadamente, y ser conscientes que gracias a él, nuestro sistema reacciona para estar alerta y centrado en la situación de peligro y poder así actuar ante ella.

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