Museo Nacional de Escultura Un verano de utopías, reencuentros y paisajes sonoros.

Utopías, reencuentros, conversaciones, paisajes sonoros y, por supuesto, escultura. Es la propuesta estival del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

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El Museo Nacional de Escultura de Valladolid dedica su programación postpandemia a la memoria y los tiempos en los que, al igual que ahora, el ambiente se llenó de utopías, reencuentros pasados y profecías sobre el futuro, visiones apocalípticas, distopías sobre mundos felices y proyectos catárquicos para la humanidad.

El verano del museo se inicia con un reencuentro: el de los invisibles de Almacén. Una extraordinaria muestra dedicada a las obras nunca exhibidas, custodiadas en el almacén de la institución. Invisibles para el visitante, estas hermosísimas piezas salen al fin de la seguridad de su guarida secreta presentándose como el plato fuerte de la temporada estival. Forman parte de una cohorte desconocida, mucho menos célebre que la de sus hermanos mayores, no por ello inferior en calidad o valor artístico.

La muestra presenta las obras tal cual, desnudas, sin pretensiones analíticas temporales, temáticas o estilísticas. El efecto, expresa el propio museo, es una “Babilonia de imágenes, que exalta el lado accidental de la colección, sus rarezas y bellezas, sus excesos y desvaríos”.

El museo presenta además cinco obras recién incorporadas a su colección que la ensanchan y contextualizan, dando así mayor presencia a dos escuelas fundamentales de la escultura barroca española: la andaluza, con obras destacadas de tres de sus más altos exponentes Juan de Mesa, Pedro de Mena y Luisa Roldán; y la levantina, con una singular creación de Francisco Salzillo.

Junto con el Museo Patio Herreriano, la institución presenta una visión singular del momento artístico presente que, a través de una instalación de la artista Eva Lootz, propone una lectura crítica sobre el concepto de progreso: El reverso de los monumentos y la agonía de las lenguas.

La obra tiene su origen en dos acontecimientos. El primero gira en torno a la profusión lingüística mundial y el peligro de extinción en el que se encuentran multitud de ellas como consecuencia de la progresiva desaparición de las culturas vernáculas.

El otro motivo es la exposición Almacén. El lugar de los invisibles. Eva Lootz observó con interés ese reverso de las esculturas desligadas de las narrativas que dieron sentido a las imágenes y los discursos de la Historia del Arte. A raíz de ello, la artista se embarca en una revisión del relato convencional de los monumentos. La instalación sugiere un paisaje nuevo, separado de la historia tradicional y los conceptos artísticos patriarcales.

Más información Museo Nacional de Escultura

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