Art the moment+por Ana M. Serrano

Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica o cómo nació el mural antibélico más celebre del siglo XX.

Con motivo del 80 aniversario del Guernica el Museo Reina Sofía presenta 'Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica'. Una muestra que narra la radical transformación artística que experimentó el pintor antes de componer el mural.

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Las noticias sobre España que llegaban a Mougins eran terribles. El levantamiento contra el gobierno republicano era ya un hecho; el ejército avanzaba a pasos agigantados, masacrando pueblos y ciudades. Las procedentes del otro lado de Europa tampoco eran mejores. El fascismo crecía y Hitler se afianzaba en un poder absoluto cada vez más demencial. Durante el verano de 1936, Picasso comenzaba a experimentar “una de las etapas más oscuras de su vida”. Aunque es posible que la radical trasformación artística del pintor empezara a gestarse mucho antes del bombardeo de Guernica.

Así lo afirma Timothy J. Clark, el historiador del arte que junto a Anne M. Wagner, comisaría la exposición Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica. La muestra con la que el Museo Reina Sofía celebra las ocho décadas del famoso cuadro pone en escena las teorías de Clark y Wagner sobre el proceso de creación del mural. Ya en 2011, el estudioso británico expuso con precisión los motivos que le llevaron a profundizar en la obra picassiana, concretamente en el Guernica. Se trata de una reconstrucción indirecta, pues Picasso jamás reveló sus motivaciones internas. Sólo sabemos que en el mes de enero del 37 el artista aceptó el encargo del Gobierno de la II República para decorar el Pabellón español en la Exposición Universal de París. Tres días después del atroz bombardeo alemán sobre la población civil de Guernica, el 1 de mayo de ese mismo año, Picasso comenzó a pintar el que sería el mural antibélico más icónico del siglo XX.

Las imágenes secuenciales tomadas por Dora Maar durante el proceso de creación del cuadro han sido pieza fundamental para Clark. No sólo revelan la evolución de una obra que comenzó a esbozarse en color, también muestran la importancia de la misma y del momento histórico. Nunca Picasso fotografió ni documentó las secuencias de su trabajo. Las referencias que el pintor tenía sobre el bombardeo pudieron servirle como referente. Sin embargo, el repertorio de terror, carne descompuesta y belleza deforme proviene del propio repertorio picassiano. Un imaginario fascinante que, según T.J. Clark pudo gestarse durante la infancia del pintor, pero del que es muestra evidente Las tres bailarinas (1925) o Figuras al borde el mar (1931).

Mientras Timothy J. Clark fija su atención en el dolor, la agonía y el miedo, Anne M. Wagner propone una lectura feminista tanto del cuadro como de la guerra en general. Porque si en las contiendas bélicas son los hombres quienes de despedazan sin piedad, las mujeres además del pánico y la angustia de la pérdida de sus hijos, esposos, novios, sufren su condición como botín de guerra. Así, la historiadora del arte y comisaria de la muestra, analiza el proceso de integración de la figura femenina en el cuadro. Desde los dibujos preparatorios hasta el resultado final.

El recorrido que presenta la exposición define y refleja al detalle las consideraciones teóricas y los estudios del matrimonio de comisarios que la lideran. 180 obras que, a partir de naturalezas muertas e interiores de los años 20 hasta los terribles retratos previos al Guernica, muestran cómo Picasso encaró la violencia, las acciones bélicas y los terribles “daños colaterales”.

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Fechas: del 4 de abril al 4 de septiembre de 2017. Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini, 2ª Planta. Comisarios: Timothy James Clark y Anne M. Wagner. Coordinación: Carolina Bustamante.

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