Max Beckmann inaugura el otoño del Thyssen.

El Museo Thyssen presenta Beckmann. Figuras del exilio, la primera ocasión en más de veinte años de contemplar en España una monográfica dedicada al artista.

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Max Beckmann nació en Leipzig en el seno de una familia acomodada que le permitió ingresar en la Gran Escuela Ducal de Arte de Weimar. Allí conoce a Minna Tube (con quien se casaría años después) y a Edvard Munch. Durante este periodo, que se extiende hasta la Primera Guerra Mundial, comienza a ser reconocido públicamente. Su pintura es ecléctica e individualista, centrada en los volúmenes y ajena al expresionismo, movimiento que él consideraba sectario y doctrinal. No obstante, recorre casi todos los ismos vanguardistas del cambio de siglo antes de llegar a la nueva objetividad.

Todo ello mediante un enfoque artístico muy personal, una inmensa fuerza creativa, crudeza y trazo duro, una mirada objetiva y realista de pintor moderno que otorga a su obra una estética distinta a la de expresionistas y futuristas, aunque sí algo influido por Munch.

Beckmann fue apartado de la vida artística en 1933, cuando Hitler llegó al poder. Sus contactos con la élite judía fueron determinantes. Buscando el anonimato, se trasladó a Berlín, aunque tampoco allí recuperó el prestigio. La novedad más importante de su etapa berlinesa —entre 1933 y 1937—  fue la aparición en su obra de un nuevo formato pictórico: el tríptico.

Tardó cuatro años más en saber con certeza que su vida pendía de un hilo. Aquel día aciago del mes de julio del 37, tras comprobar que varios de sus cuadros formaban parte del “arte degenerado” del III Reich, tomó un tren hacia Ámsterdam y su vida giró. Nunca regresó a Alemania. Aquel muchacho (ya no tanto) que frecuentaba los cafés literarios de Berlín, Frankfurt y París no tuvo más remedio que fundirse con el gris del exilio.

No por ello perdió color su pintura. Sí se volvió más sórdida, más amarga, más visceral. Él no tenía pensado permanecer escondido tanto tiempo (una década) en una ciudad donde tampoco estaba a salvo de los envites del nazismo. Allí se gestó su apocalipsis personal y pictórico. Su nuevo lenguaje artístico mezcla el orden y el caos, se vuelve mucho más alegórico y confuso. La primera composición alegórica de gran formato que Beckmann emprendió en la capital holandesa fue Nacimiento (1937). Pocos meses más tarde pinta Muerte (1938). Ambas, en formato horizontal y con grandes simetrías compositivas e iconográficas, parecen concebidas como pareja.

En 1947 consigue al fin emigrar a Estados Unidos, a St. Louis, donde le habían ofrecido un puesto de profesor de pintura en la Universidad de Washington. Solicita la nacionalidad americana y poco después, se organiza una retrospectiva en el City Art Museum.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta Beckmann. Figuras del exilio,la primera ocasión en más de veinte años de contemplar en España una monográfica dedicada a uno de los artistas más destacados del siglo XX. Comisariada por Tomàs Llorens, la muestra reúne un total de 52 obras procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, incluyendo algunas de las piezas más destacadas de su producción.

La primera parte cubre la etapa vivida en Alemania desde los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. La segunda, más extensa, recorre los años en Ámsterdam (1937-1947) y Estados Unidos (1947-1950). Se estructura en torno a cuatro alegorías relacionadas con el exilio: Máscaras, centrada en la pérdida de identidad asociada a la circunstancia del exiliado; Babilonia électrica, aborda el vértigo de la ciudad moderna; El largo adiós, plantea la equivalencia entre exilio y muerte y El mar, como metáfora final del infinito.

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Beckmann. Figuras del exilio. Del 25 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Más información Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

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