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David Hockney: “Yo no hago famosos; la fotografía sí. Mis famosos son mis amigos.”

Tras la monumental exposición de paisajes en 2012, David Hockney regresa al Museo Guggenheim Bilbao con una intensa instalación en torno al retrato.

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Han transcurrido seis años desde la última vez que David Hockney visitó el Guggenheim Bilbao. Entonces fueron sus colosales paisajes del condado de Yorkshire los que inundaron de color y expectación las salas del museo vasco. Poco después de aquella exposición —David Hockney: Una visión más amplia—, el pintor británico abandonó la pintura para refugiarse una vez más en los colores apacibles del sur de California.

Y es que el periodo paisajístico de Hockney fue al tiempo mágico y complejo. Tras unos meses de descanso —y sin abandonar en ningún momento su compromiso con la pintura como instrumento reivindicativo de la escena contemporánea—, el artista de Bradford retoma el retrato con una intensidad creativa renovada y Los Ángeles como escenario. También recupera la pintura acrílica, un medio que no había utilizado en veinte años.

En el verano de 2013 pintó el primero de lo que acabaría convirtiéndose en un extenso grupo de más de 90 retratos, 82 de los cuales pueden contemplarse en la nueva muestra que acoge el museo Guggenheim Bilbao hasta el próximo 25 de febrero.

Bajo el título David Hockney: 82 retratos y 1 bodegón, la exposición propone un recorrido cuasi-cronológico a través de esta serie de retratos que Hockney concibió de manera colectiva, como un único cuerpo artístico. Son todos los lienzos de idéntico tamaño, forma y fondo. Bajo el azul brillante californiano y sobre una silla (la misma silla tapizada en amarillo suave), el artista construye el reflejo físico y psicológico de sus modelos, elegidos entre sus amigos, familiares y conocidos. Sus favoritos: “Los famosos están hechos para la fotografía”, afirma Hockney. “Yo no hago famosos; la fotografía sí. Mis famosos son mis amigos.”

Gracias a su virtuosismo pictórico, Hockney logra intensificar los rasgos característicos —“el conocimiento secreto”— de cada uno de ellos, que parecen brotar precisamente de la uniformidad de los elementos clave mencionados. Pero, además, mediante la observación minuciosa de la serie se aprecia también la propia evolución íntima del autor. Así, su inicial estado emocional, tenso, se va diluyendo en lal serenidad a medida que avanza en su trabajo.

Mediante esta exposición, en un momento de proliferación de los selfies en las redes sociales, Hockney reclama el papel del retrato pintado en una instalación intensa en la que el bodegón pone la nota discordante. Y aunque fue fruto de la casualidad (uno de los modelos no pudo acudir a la cita), las frutas y hortalizas depositadas sobre un banco azul parecen significarse como un símbolo aún más intenso de su reivindicación artística y la relevancia del retrato a lo largo de toda su trayectoria profesional.

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Exposición organizada por la Royal Academy of Arts de Londres en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao. Comisaria: Edith Devaney. Hasta el 25 de febrero.

Más información Museo Guggenheim Bilbao

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Angel SchlesserFW/2017