Borsalino o la elegancia de un sombrero.

No es una película, no es un sombrero... es artesanía pura en el arte de cubrirnos la cabeza.

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Fue hace más de 150 años, allá por 1857, cuando Giuseppe Borsalino comenzó a fabricar sombreros. Por aquel entonces ya estábamos hechos a eso de usar gorros y sombreros en sus distintas variedades porque, además de que acostumbrábamos a cubrirnos la cabeza ya desde la antiguedad griega, éstos se inventaran como tal en el siglo XIV.

Claro que Giuseppe le dio una vuelta a eso de usar sombrero y creó uno único de caballero, tan único que lleva su nombre, Borsalino. Se trata de un sombrero cómodo y funcional fabricado en fieltro que, por aquello de que dio nombre a una película de gansters en la costa azul, acabó asociado a la mismísima mafia, con el extra de temor y atracción que daba eso al asunto de cubrirse la cabeza.

Son más de 150 años fabricando sombreros, renovando colecciones e ideas, creando moda, siguiéndola e imponiéndola, defendiendo siempre que no existe complemento más elegante y sugerente que un sombrero. Y para demostrarlo, aquí está su campaña de otoño e invierno.

Se trata de una serie de imágenes en blanco, negro y escala de grises que llevan el minimalismo al punto de prescindir de la ropa dejando en nuestra retina, además de una bella imagen, la idea de que con un sombrero es suficiente…

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