Álvaro Yuste, Ilusteo.

Tranquilo, pintoresco y creativo, camina con la certeza de que sólo debemos luchar por la excelencia.

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Activo, tranquilo y poseedor de grandes ideas. No deja un cabo suelto, sus días deben tener más de 24 horas por algún milagro divino, porque hace de todo y bien, muy bien. Ama por encima de todas las cosas la comunicación gráfica, en cualquiera de sus variantes, fondos y formas. Mensaje-receptor, y te lo explica casi con lagrimas en los ojos. Engatusados con su pasión, nos disponemos a conocer las dedicaciones y obras de este joven madrileño, a fondo.

Creció en San Martín de Valdeiglesias, correteando por el castillo y los jardines amurallados del pueblo, gracias a que sus padres eran grandes amigos de la heredera de tales recintos históricos. Ese tipo de aventuras y hazañas marcan, según nos cuenta.

“En el colegio siempre me pasaba la mañana dibujando y escuchando la lección. Muchas veces me quitaban los dibujos para que prestara más atención. Te hacían creer que lo bueno eran esas cosas aburridas que contaban y tus intereses propios eran demonizados. Hasta que un día un profesor me dijo: Deja la estupidez de las clases y dedícate a dibujar en cuerpo y alma. Ahora es una máxima en mi vida.”

Su primer encuentro con el mundo gráfico se remonta a sus tiernos nueve años, cuando comenzó a hacer fanzines con fotocopias sobre narraciones. El proceso era inverso al habitual, creaba las imágenes y pedía a algún adulto que escribiera el texto. A partir de eso, sus inquietudes siempre fueron orientadas a la comunicación y hasta tuvo su propio programa de radio con tan sólo once años. Para muestra un botón.

Comenzó su formación artística estudiando un año de Historia del Arte donde tomó sus referentes artísticos de antes de Las Vanguardias. Después estudió Ilustración en la Escuela de Arte Número Diez y más tarde Diseño Gráfico en la Escuela Superior de Diseño, aunque también lo ha dejado, porque a día de hoy cree firmemente en la autoformación.

Años después, su talento fue reconocido internacionalmente, siendo seleccionado a nivel mundial en la Bologna Children’s Book Fair en la muestra “Grammatica delle Figure” con motivo del aniversario de la muerte de Gianni Rodari, todo una inspiración creativa en su infancia.

Los grandes referentes, que llegaron más tarde, son  el gran ilustrador español Santiago Morilla, también amado por la casa. “Me he sentido identificado con él desde sus primeras obras hasta sus trabajos actuales, y le profeso una gran admiración”. Ulises Culebro y Luis Parejo, con los que, mano a mano, ha ilustrado el diario El Mundo, también le sirven de inspiración, como la conceptualización de Pablo Amargo y el lenguaje del maestro Isidro Ferrer.

Vecino de Lavapiés, viaja en su bici cada día hasta el barrio de Palacio, donde le aguarda su concurrido y pintoresco taller. Divide sus días en tres partes (variables en tiempos y espacios), creación, esparcimiento y aprendizaje. Y por ese camino, llegó a crear Ilusteo. Lo que en un primer momento estaba limitado exclusivamente a ser un blog, aún activo, en el que muestra sus divagaciones, trabajos y futuribles. Y después estuvo enfocado a ser base y soporte de su propia firma de diseño, inaugurada como tal, casi sin darse cuenta, en 2008, con la  exposición de sus primeros trabajos en la tienda galería “El Beso” de la calle Ballesta (de la que una servidora formó parte). Ahí comenzó a plasmar pequeñas ilustraciones en broches. Desde entonces el crecimiento ha sido imparable,  abriendo cada vez a más recursos sus diseños, viajando por toda España para dar a conocer y vender sus creaciones con mucho éxito, hay que decir.

también mantiene una web de noticias de trash culture, junto a un gran equipo, llamada THICKZINE y es claramente un fiel reflejo de sus necesidades, bien cubiertas, de expresión y comunicación interactiva. Totalmente recomendable.

“A pesar de que el futuro del diseño gráfico va directamente encaminado al soporte de pantalla, me encanta la creación gráfico-sensitiva, el tácito. El olor de un libro, o el paseo de los dedos sobre el papel. El color y tacto de una doble página, una tipografía evocadora, una ilustración que te saque una sonrisa…”

Mezclando un poco de Síndrome de Diógenes, de Pinterest, de la pintura de su padre, de trozos de un álbum de cromos y del aire que le golpea cuando galopa el asfalto en su longboard, se enfrenta cada día a un nuevo proyecto, para ello, olvida todo, blanquea su mente y se queda sólo con el eco de la idea central, de la esencia, para así, libre, dar con la solución al problema.

Guarda como uno de los grandes momento de su carrera, la llegada al mundo de su primer libro, VadeMecum+, con la presentación cerró un capítulo en su vida y vio nacer una nueva etapa. Sueña, ahora,  con una cabaña en medio de la nada, viviendo feliz, con su huerto y un buen sistema autosuficiente que le permita dedicarse en cuerpo y alma a su profesión, que ama. “Pido poco, electricidad y una buena conexión a internet.”

Este hombre tranquilo, pintoresco y creativo donde los haya, entre otras cosas, federado en el club de Tenis de Mesa de su pueblo, camina con la certeza de que siempre habrá gente mejor y peor que uno, pero que sólo debemos luchar por la excelencia.

Álvaro Yuste

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