Comerse la luna en Madrid.

Lúa y Lúa Chea son dos menús vanguardistas de inspiración gallega y sabores estelares.

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A la luna en Madrid se la nombra en gallego –Lúa– porque el vocablo que la designa en ese idioma es dulce y sencillo y encierra en su interior un mundo de sabores reinventados al que rendir la boca ya esté la luna menguante o llena.

Recordábamos esta semana la primera y única visita del hombre a la luna Omega en mano; nos viene también a la memoria aquel soberbio tema de Mecano que fue ópera y es magia, Hijo de la Luna. Y es que el influjo que ejerce la luna sobre el mundo parece ir mucho más allá del océano y sus mareas. La luna llena llama a las criaturas de otros mundos, a entes legendarios y seres inventados mientras que su ausencia o su tenue dibujo cuando no llega a ser ni tan siquiera media luna, recrea ambientes oscuros y misteriosos en los que todo puede hacerse como todo puede ocurrir en luna llena.

Y así, alrededor de una luna que es Lúa en lengua gallega, nos disponemos a comer o cenar en un restaurante vanguardista que muestra pinceladas gastronómicas del noroeste en algunas de sus creaciones que son siempre platos deliciosos.

Manuel Domínguez, chef de este acogedor restaurante madrileño, cocina con la convicción de que la mesa y el mantel han de disfrutarse con los cinco sentidos y lo hace al calor de los productos de temporada y de mercado. Hasta ahí la naturalidad porque, de ahí en adelante, Manuel da rienda suelta a su creatividad y, tanto es su carta de mediodía como en sus dos menús degustación –Lúa y Lúa Chea– encanta la boca de propios y extraños.

El restaurante tiene además una carta de terraza en la que confiesa indiscretamente la inspiración de algunos de sus platos: empanada, pulpo á feira, cañas de Carballiño, filloas fritas rellenas de helado de vainilla

Si te gusta la gastronomía del norte tanto como la cocina vanguardista, encontrarás en Lúa un encantador aliado en el plato y el sabor.

Más información Restaurante Lúa

Saborear

Directos al paladar. Productos tan deliciosos como difíciles de encontrar “cocinados” o embotellados, en series limitadas, bajo la vigilancia de los expertos más selectos.

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