6 libros con banda sonora original.

¡Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor! Julio Cortázar. Rayuela.

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Afirmar que música y literatura han mantenido desde siempre una intensa y fecunda relación suena a perogrullada, pero la verdad es que no he encontrado inicio mejor para referirme a esta particular selección de escritores melómanos que han llenado sus páginas de acordes y metáforas, sonetos y sonatas, convirtiendo sus obras en grandes sinfonías literarias en las que letras sostenidas y ritmos elípticos se funden en  deliciosa cadencia.

Y es que arte llama a arte.

Novelas con sabor a melodía impregnadas de óperas y adagios, ritmos rockeros o cálidos contrapuntos propios del jazz, transitadas por las notas de Mozart, Beethoven, Stravinsky, los Beatles, Charlie Parker o Anita O’Day…

Dispares, antagónicas incluso, pero todas ellas nacidas de la maestría y la sensibilidad de grandes escritores empeñados en sublimar emociones con el tiempo y la música como fuentes inagotables de inspiración, buscando esa “pequeña frase”, esa “armonía” capaz de “ensanchar el alma” como le sucedió a Charles Swann en aquel salón de baile […] y de pronto, tras una nota alta largamente sostenida durante dos compases, reconoció, vio acercarse, escapando de detrás de aquella sonoridad prolongada y tendida como una cortina sonora para ocultar el misterio de su incubación, toda secreta, susurrante y fragmentada, la frase aérea y perfumada que lo enamoraba. Marcel Proust. Por el camino de Swann. (*)

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(*) Por el camino de Swann, primer volumen de la magnífica y extensa obra de Proust, En busca del tiempo perdido, celebra hoy, 14 de noviembre, el centenario de su primera edición.

  • 16

    El Perseguidor. Julio Cortázar

    Comenzar por Cortázar es casi una obligación. No sólo porque el mundo literario ya celebra el 50 aniversario de la primera edición de “Rayuela” como paradigma del surrealismo y la novela moderna. También porque “El perseguidor” ya se anunciaba como precursor de esa escritura incontenida, emocional, absolutamente atrapada por el ritmo, los contrapuntos y las improvisaciones del jazz. Y el tiempo…, machacón, implacable. No en vano el relato de Cortázar narra la azarosa vida del genial saxofonista Charlie Parker, una de las figuras claves del jazz de los 40.

  • 26

    Doctor Faustus. Thomas Mann

    Adrian Leverkühn –una especie de alter ego artístico, que no personal, del compositor Arnold Schönberg– vende su alma al diablo para conseguir la gloria. Con este argumento tan aparentemente simple y por otro lado manido, Thomas Mann es capaz de componer una sinfonía literaria excepcional en la que, entre las notas magistrales de la sonata para piano nº 32, Opus 111 de Beethoven, la búsqueda de la verdad en el arte musical y la ruptura entre la música y la belleza se convierten en el núcleo central de la novela. Eso además de un contexto histórico –la 2ª Guerra Mundial y el exilio del escritor– que le sirve de enlace para crear paralelismos entre el destino de Alemania y la venta de “su alma” al nazismo y la actitud del protagonista de la obra.

  • 36

    Tokio Blues (Norwegian Wood). Haruki Murakami

    “Noruwei no Mori” es el título original de esta obra de Murakami. La forma japonesa de Norwegian Wood. El mítico tema de los Beatles que inspira una novela intimista, melancólica, densa, a veces desconcertante, que relata las relaciones de Toru Watanabe con dos mujeres muy diferentes en el Tokio de finales de los 60. Y la música. Infinita. De Bach a John Lenon, de Brahms a Simon&Garfunkel, de Mozart a Cream. Y así. Y Herman Hesse. Y Thomas Mann. Y el tiempo. También. Demoledor.

  • 46

    El violonchelista de Sarajevo. Steven Galloway

    Sarajevo, 27 de mayo de 1992. Mientras las personas se amontonan ante una panadería para conseguir algo que llevarse a la boca, una bala de mortero revienta para siempre sus esperanzas. Un violonchelista, testigo impotente de la crueldad, se hace la promesa de bajar al socavón dejado por la bomba para tocar el Adagio de Albinoni durante 22 días. Uno por cada víctima de la explosión. Así comienza una novela estremecedora, dura, seca como el estallido de una bomba, en la que además de la atmósfera angustiosa en la que sobreviven los habitantes de una ciudad sitiada por el odio, las bombas y los francotiradores, la música se alza una vez más como un reto a la barbarie.

  • 56

    En la carretera. Jack Kerouac

    Un viaje iniciático, enloquecido y de nuevo el jazz. Otra vez Charlie Parker. Y Billie Holiday. Y Anita O’Day… Y una panda de alocados “hispters” encabezados por Sal Paradise –el álter ego de Kerouac– que se lanzan a la carretera en busca de un peculiar sentido místico de la vida. Así, Sal y el demente de Dean Moriaty llenos de anhelos, apetitos vitales insatisfechos y dispuestos a todo, recorren el continente americano de punta a punta al ritmo implacable de las letras de Kerouac. Anhelos, desolación, drogas, sexo, alcohol y, por supuesto, jazz. No sólo como música de fondo sino como parte de la obra y de esa generación “beat” a la que representa.

  • 66

    Concierto Barroco. Alejo Carpentier

    Si Cortázar y Kerouac utilizan la improvisación del jazz como modelo de una escritura arrebatadora, veloz, casi desquiciada, Alejo Carpentier emplea el concepto neo-barroco como paradigma de la perfección estilística, del equilibrio, del método. Así, en “Concierto barroco” la música, además de fuente de inspiración, se convierte en herramienta literaria, contribuyendo a establecer la estructura y la atmosfera de una novela cuyo trasfondo histórico gira en torno a la conquista de Méjico y la identidad latinoamericana, con las notas del “Montezuma” de Vivaldi como hilo conductor.

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