William Somerset Maugham, uno de los grandes escritores olvidados. Biografía, citas, frases.

Nació en París, el 25 de enero de 1874.

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William Somerset Maugham fue el sexto y último hijo de un abogado de la Embajada británica en París, donde vivió una infancia feliz, criado como hijo único en ausencia de sus hermanos mayores. Felicidad que desapareció a los ocho años, cuando murió su madre y dos años más tarde, su padre. Ahí perdió la inocencia y a partir de entonces, no volvería a ser feliz nunca más. Sus hermanos lo enviaron a Inglaterra, a casa de un tío indolente y mediocre, vicario en Whitstable, una villa costera del condado de Kent. Sus compañeros del King’s School, en Canterbury, le acosaban, se burlaban de su baja estatura, de su marcado acento francés, y de una tartamudez de la que no conseguiría deshacerse el resto de su vida.

Tras pasar un año en la Universidad de Heidelberg, ingresó en la escuela médica de St. Thomas de Londres, donde se graduó como médico en 1897. Ese mismo año publica su primera novela, Liza de Lambeth, basada en su corta experiencia profesional. Con el éxito de su primer libro adquiere la fama de escritor talentoso, por lo que Maugham decide abandonar la medicina para dedicarse profesionalmente a la literatura. Al poco tiempo estrena su primera obra teatral, Un hombre honorable, y no tardaría en llegar su definitiva consagración como dramaturgo cuando consigue que cuatro de sus obras permanezcan en la cartelera londinense al mismo tiempo. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como agente secreto para el servicio de inteligencia británico. En plena guerra publica Servidumbre humana, libro en buena medida autobiográfico que le confirma como novelista de gran talento, y al terminar el conflicto publica La luna y seis peniques, basada en la vida de Paul Gauguin.

Maugham tuvo amantes célebres como H.G. Wells, W.H. Auden, Lyton Strachey o Thomas Mann, pero solo supo amar a Gerald Haxton, el joven norteamericano dieciocho años menor al que conoció en el frente con el que convivió durante treinta años. También estuvo casado con Syrie Wellcome, una rica heredera a la que le hizo la vida imposible en un matrimonio consentido y aparentemente pruitano. Sólo Haxton pudo conseguir llegar al corazón de Somerset y quedarse. A lo largo de la década de los veinte, obtuvo un notable éxito con sus obras teatrales, comedias de costumbres derivadas de algunas obras de Oscar Wilde, como El círculo, East of Suez, The Letter, El velo pintado, La llama sagrada o La esposa constante, y publica su famoso relato Lluvia, que luego sería adaptado a los escenarios.

En 1929, Maugham se estableció en la Costa Azul junto a Haxton tras haber viajado por México, los Mares del Sur, España, Rusia y China. Un año después aparece Cakes and Ale. En 1944, el escritor publica su obra más conocida, El filo de la navaja, novela en la que relata la historia de un joven estadounidense, veterano de la Primera Guerra Mundial, que intenta encontrar el sentido de la vida. Su inteligencia y su capacidad de observación hicieron de Somerset Maugham uno de los escritores más célebres del siglo XX. Y también el más rico y mejor pagado. Sus relatos son considerados una de las cumbres de este género, a la altura de Chéjov o Maupassant. Pero aparte de vender millones de ejemplares, de viajar por todo el mundo, de servir al Imperio Británico y de ser odiado por los nazis, el gran telón de fondo de su longeva vida y su colosal obra fue la soledad. Soledad por la crueldad con la que trataba a toda persona excesivamente dependiente de él. Como su esposa, su hija o Alan Searle, su compañero tras la muerte de Haxton. En sus últimos momentos, moribundo y solo en la camilla del hospital, le rogó a una enfermera que se tumbara con él: sólo quería que lo abrazara de la misma manera que le abrazaba su madre.

Sus Citas y Frases célebres

  • La lectura no da al hombre sabiduría; le da conocimientos.
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    “La lectura no da al hombre sabiduría; le da conocimientos.”

  • El novelista no tiene por qué ser más que novelista, con eso basta si es buen novelista.
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    “El novelista no tiene por qué ser más que novelista, con eso basta si es buen novelista.”

  • En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia.
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    “En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia.”

  • El español es la mejor creación literaria de los españoles.
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    “El español es la mejor creación literaria de los españoles.”

  • Sólo los estúpidos dejan que su diversión dependa del mundo exterior.
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    “Sólo los estúpidos dejan que su diversión dependa del mundo exterior.”

  • Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida.
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    “Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida.”

  • En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo.
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    “En tiempos de hipocresía, cualquier sinceridad parece cinismo.”

  • La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.
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    “La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.”

  • Cumplir el deber no tiene más mérito que lavarse la cara.
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    “Cumplir el deber no tiene más mérito que lavarse la cara.”

  • Sólo un imbécil rinde siempre al máximo de sus posibilidades.
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    “Sólo un imbécil rinde siempre al máximo de sus posibilidades.”

  • El dolor une, a veces, pero no enseña a vivir.
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    “El dolor une, a veces, pero no enseña a vivir.”

  • Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces.
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    “Para comer bien en Inglaterra es recomendable desayunar tres veces.”

  • Si otro nos critica y no nos ofendemos, el criticón se desorienta.
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    “Si otro nos critica y no nos ofendemos, el criticón se desorienta.”

  • Cada hombre tiene secretos que él mismo ignora.
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    “Cada hombre tiene secretos que él mismo ignora.”

  • Estoy a las puertas de la muerte. El problema es que tengo miedo de llamar para que me abran.
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    “Estoy a las puertas de la muerte. El problema es que tengo miedo de llamar para que me abran.”

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