Una cerveza divina.

A día de hoy tan sólo son siete los monasterios trapenses que continuan con la tradición de la cerveza.

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En la edad media era muy habitual que en los monasterios se elaborasen cervezas principalmente debido a sus cualidades alimenticias y a la facilidad con que era conservada en toneles, cosa que no ocurria con otros alimentos, pero con el paso de los siglos la gran mayoría de ellos fueron renunciando a esta costumbre, y a día de hoy tan sólo son siete los monasterios trapenses que continuan con esta tradición.

Todos estos monasterios se encuentran en Bélgica, excepto el que nos ocupa, la Abadía de Nuestra Señora de Koningshoeven, que está en Holanda y que comercializa sus productos bajo la marca La Trappe.

Las cervezas trapenses tienen la características de poseer un cuerpo (y una graduación alcohólica) mucho más intenso que las habituales ‘cañas’ a las que estamos acostumbrados, de hecho, su degustación se parece más a la que se realiza de un buen vino, ya que su sabor y aroma varia según el tiempo pasado en los toneles (e incluso el del tiempo lleve abierta la botella de la que se consume), pero en el caso de este monasterio incluyen desde el año 2010 una receta denominada ‘Puur’ que compite en ligereza con las más habituales en nuestras mesas.

Pero si tienes interés en descubrir otro modo de beber cerveza, te recomendamos te inclines por la más tradicionales Trappe Dubbel o Trappe Tripel y las acompañes con un buen queso, o una contundente carne, te aseguramos que descubriras una experiencia ‘reloigiosa’.

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