El Nissan GT-R que encargarían desde el infierno: Litchfield LM20.

El preparador alemán presenta su última diablura, un Nissan GT-R llevado al límite: El Litchfield LM20

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Si llevas dos décadas en el negocio de la preparación de automóviles deportivos y sigues en la boca de todos, es que algo estás haciendo bien, es que tienes clientes a los que tienes satisfechos. Eso es lo que le ocurre a Litchfield, un preparador afincado en un taller en medio de la bucólica naturaleza inglesa, a hora y media de Londres. que transforma coches de una manera no precisamente bucólica, a la vez que comercializa kits de tuning y ofrece servicios de mantenimiento para diferentes modelos, siempre pertenecientes al segmento de coches deportivos, aunque su especialidad es un modelo que nació en 1969 y al que apodan «Godzilla», por aquello de aunar su origen nipón y su poderío: El Nissan GT-R.

Precisamente para celebrar el vigésimo aniversario de la empresa, Litchfield ha transformado el ya de por sí impresionante Nissan GT-R 2017 en el Litchfield LM20, un auténtico diablo que tendría toda su razón de ser en circular a toda velocidad a través de las llamas de cualquier infierno, en lugar de las tranquilas carreteras de la campiña británica. Apelando también al número de años cumplidos, los chicos de Litchfield tan sólo producirán 20 unidades, 20 joyas en las que los originales 570 CV de potencia del GT-R pasan a ser 675 CV, con un par en regímenes bajos de 833 Nm y de 813 Nm en medios.

Aunque parezca mentira con esas cifras, el LM20 pretende ser para sus propietarios un vehículo que pueda usarse de manera cotidiana, aunque sea capaz de alcanzar los 325 km/h y que tenga una aceleración de 0 a 100 km/h de tan sólo dos segundos y medio. Una cotidianeidad endiablada, desde luego. El cuidado en el equilibrio de la transformación, la calidad de los materiales utilizados y el impecable trabajo de los ingenieros de Litchfield consiguen una modificación que demuestra su calidad ofreciendo tres años de garantía. El LM20 ofrece hasta seis modos diferentes de conducción, control de potencia y tracción, nueva suspensión adaptativa, frenos y llantas de alto rendimiento, y aerodinámica mejorada a través de piezas de elaboración propia en fibra de carbono.

Sólo 20 afortunados podrán ponerse a los mandos de una joya como el Litchfield LM20. Seguro que alguno lo usará para disfrutar de las carreteras que llevan al infierno. Está fabricado para eso. Y algo más.

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