Tiempo de glamour.

La inspiración y el arte en una pequeña y selecta colección de relojes que marcan elegancia, estilo y la diferencia.

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El arte, incluso el que inspira el vestir y lucir, nace en una idea y la idea es su musa… pero ‘es la mano del hombre la que confiere el carácter único a la obra de arte’, la mano del artesano que con esmero y cuidado compone cada elemento para convertir el arte en tiempo… en un reloj para sentir bello su discurrir.

La colección Dior VIII Grand Bal es sobria en el color, en nada más; en negro porque ‘el negro y el blanco podrían bastar…’ y en blanco porque ‘el blanco es puro, sencillo…’, en perfecta simbología del paso del tiempo en un día, descubrimos infinitos detalles únicos, elegantes, innovadores… en definitiva, Dior en el tiempo y en una magistral evocación de la elegancia.

Sobre una esfera en nácar negro engastada en diamantes, cristal de zafiro y fondo transparente, es posible lucir una noche urbana y cosmopolita en luz del nácar blanco y brillo de diamantes plisados a modo de estrellas, o quizá un mar de encaje redondeado y voluptuoso, olas suaves en oro blanco y diamantes, también una noche de lluvia de estrellas con diamantes de organza cuyo cuidado desorden evoca la suave caída y baile del tejido de su nombre, y sí, también el encanto y el misterio de un abanico de diamantes en un reloj.

Pero el tiempo en Dior y su colección Grand Bal esconde todavía un punto más de glamour, el de Liza y el cabaret en negro y el de Grace y la rosa en blanco, ambos en la elegancia, distinción y atrevimiento de las plumas.

La inspiración y el arte en un reloj, en una pequeña y selecta colección de relojes que marcan, además del tiempo y sus horas, la elegancia, el estilo y la diferencia.

Dior VIII Grand Bald

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Lucir

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