El encanto legendario de los cuarentones.

La firma suiza RJ-Romain Jerome pionera en la fabricación de relojes emocionales

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Vaya por delante que no usamos cuarentones en sentido despectivo. Los cuarentones somos esa generación afortunada que vivimos una infancia feliz en los añorados 80. Y, aunque ya seamos adultos y tengamos responsabilidades que atender, recibos que pagar e hijos que cuidar, aún nos sentimos unos críos y conservamos frescos los recuerdos de aquellos días que se nos han quedado pegados a la memoria como los cromos…

En 2004 se fundó en Ginebra la firma RJ-Romain Jerome. Su objetivo era crear relojes no sólo perfectos (que para eso estaban en Suiza…) sino altamente emocionales. ¿Qué son accesorios emocionales? Esos que tienen mucho más valor por lo que representan que por lo que son o por lo que valen. ¿Necesitas un ejemplo? A ver, el par de zapatos que te compraste con tu primer sueldo, el bolso que te regalaron tus amigas la última vez que celebraste un cumpleaños con ellas o el bolígrafo que solía usar tu padre.

A los de RJ.Romain les pareció que el modo más eficaz de que un reloj resultara emocional era dotándole de ADN. Del ADN de alguien importante para mucha gente a la vez. Para toda una generación, por ejemplo. La nuestra, la de los cuarentones, sin ir más lejos. Lo llamaron: el ADN de famosas leyendas. Y comenzaron a buscarlas, leyendas contemporáneas reunidas en torno a tres ejes, mar, tierra y aire, porque los tres componen el universo y porque determinan y organizan el paso del tiempo. Y al fin y cabo, hablamos de relojes… Emocionales, pero relojes.

Del mar tomaron el Titánic y crearon el Steampunk Heavy Metal Auto. Como lo fabricaron con acero oxidado y pulido obtenido del barco solo hiceron 100 unidades. De la tierra, la estatua de la libertad. Liberty DNA. Únicamente 125 piezas. Y del aire nació el modelo Moon Dust Steel Mood Chrono, 1969 relojes que incluían fibra de carbono y bisel de acero inoxidable con partes del Apolo 11. Quizá estos modelos no te tocan demasiado la fibra sensible. Pero espera a ver los dos siguientes. Uno es el Space Invaders: 78 relojes dedicados a y decorados con los marcianitos del videojuego más famoso de la historia. Sí hombre, esos muñequitos verdes pixelados que se tragaban tu propina dominical. Y otro es el coche de las pelis de Regreso al futuro. El de verdad, fabricado en 1981, era el DeLorean. Dotado de motor trasero y puertas de ala de gaviota parecía una nave espacial y se convirtió en un automóvil de culto. Del Delorean DNA han lanzado 6.500 unidades.

Concedido que han logrado el puntito emocional mediante el encanto legendario, la tecnología se da por supuesta.

romainjerome.ch/

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