La sostenibilidad añade valor a la industria de la moda.

En todo el mundo se compra un 400% más ropa que hace dos décadas, la industria de la moda vende 80 mil millones de prendas anualmente.

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Los diseñadores de moda viven siempre inmersos en una frenética y constante carrera para crear la próxima colección de la temporada, pero en el proceso olvidan de la sostenibilidad de los materiales.

Frederic Godart, especialista en lujo y profesor asistente de Comportamiento Organizacional en la Escuela de Negocios y Centro de Investigación “Institut Européen d’Administration des Affaires» con sede en Fontainebleau (Paris), asegura que el mundo de la moda se mueve a velocidades de vértigo, pero la sostenibilidad queda en entredicho.

El concepto ‘moda de lujo’ es una contradicción en si, y reina la confusión entre aquellos que alguna vez han intentado reflexionar sobre su significado. Mientras que el «lujo» es a menudo considerado atemporal, la «moda» es por definición efímera”, señala el experto.

Cuando el consumidor compra un producto de lujo como un reloj o una joya, lo puede utilizar a menudo durante muchos años, incluso durante toda la vida y transmitirlo a las generaciones futuras. Sin embargo, un producto de moda únicamente sirve una temporada, y un artículo de «moda de lujo» caduca incluso más rápidamente que el resto de productos de la industria de la moda.

Esta industria desenfrenada podría estar perdiendo fuerza, ya que se enfrenta a preocupaciones éticas y medioambientales”, advierte Godart que añade “Yo sostengo que la moda de lujo puede y debe ser sostenible si quiere permanecer en boga y pacificar a sus detractores, aunque cambiar el status quo presentaría serios desafíos”.

Frederic Godart propone en primer lugar la introducción del concepto “slow fashion” o «moda lenta«; segundo que los materiales tengan un menor impacto en el medio ambiente; y tercero que se regule el sector por parte del estado o de la propia industria.

El recién estrenado documental The True Cost, dirigido por Andrew Morgan alerta sobre la situación del sector textil y señala que la antigua industria de la moda, poco a nada tiene que ver con la actual en plena era de la globalización. Se compra un 400% más de ropa en el mundo que hace dos décadas, 80 mil millones de prendas anualmente.

Del documental se desprende que comprar jeans de 20 dólares y T-shirts a 5 no es ético, porque alienta la sobreproducción de mercancías baratas que contaminan el medio ambiente durante su proceso de producción y con posterioridad.

The True Cost advierte que se nos vendió la globalización prometiendo que iba a ser beneficiosa para todo el mundo, que los consumidores en los países desarrollados iban a poder contar con productos mas baratos y que las personas que los fabricaban tendrían un trabajo que los sacararía de la pobreza.

No son pocos los expertos que aseguran que el actual modelo de negocio en el sector es absolutamente insostenible. Stella McCartney es pionera en prácticas sostenibles. El Grupo francés de lujo Kering también está trabajando en la consecución de un impresionante conjunto de objetivos de sostenibilidad en todas sus marcas para 2016. Vivienne Westwood es otra diseñadora de éxito que ha mostrando gran interés en adoptar estas prácticas.

Los consumidores tendrían que estar dispuestos a pagar precios más altos para ropa sostenible, pero esto sólo sucederá si los fabricantes son capaces de comunicarlo explicando qué medidas se están tomando para utilizar materiales más ecológicos. El mensaje subyacente debería ser que «la sostenibilidad añade valor«, con el fin de romper con la mentalidad actual, donde las prácticas no sostenibles son aceptables para algunos productores y consumidores.

El punto de inflexión todavía no se ha alcanzado, pero existen signos alentadores de que cada vez más marcas buscan poner una etiqueta verde en sus diseños.

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