Entre el cielo y la tierra. Cinco canciones para mirar al horizonte.

Suenan y hacen que todo gire y la vida cambie su curso.

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Con la vista perdida allá donde tierra y cielo estrechan su unión, las ideas bullen en incontrolables movimientos. Quieto y fijo. Sin pestañear. Con la vista puesta en el recuerdo, en lo sucedido.

Allí empieza y termina todo. Hasta esa inverosímil juntura de esperanza y realidad viajan los deseos y las desilusiones, los errores y los aciertos, el dolor y la alegría. Allí empieza todo y allí termina casi todo.

Un tal vez y un quizás brindan por lo ocurrido para crear una posibilidad ya tan lejana que es imposible creer en ella. Tan irreal y ficticia como la propia realidad. Posiblemente sea mejor dejarlo así, en un tal vez y en un quizás.

Ya sólo queda la luz que se dispersa ante tus ojos. El final del camino en un horizonte circular e ilimitado. No queda otra alternativa que levantar la cabeza y apretar los dientes. Es la luz lo único que queda.

Sonríe. Tiñe la puesta de sol con el ritmo de la música. Mueve los pies al compás y dirige tus pasos hacia donde nace la noche y brota el día. Allí está la respuesta. Allí espera otra pregunta. Sonríe.

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