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Florigami, el papel de la naturaleza en la decoración.

La deliciosa belleza del origami en la decoración.

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De las buenas cosas que nos aporta internet está esto de descubrir y llegar a delicadas creaciones que antes de la digitalización del mundo quedan tan lejos de nuestros pequeños universos que jamás soñamos con ellas. Y así descubrimos cosas tan preciosas como estos pequeños objetos decorativos de Florigami.

A pesar de su nombre no cabe esperar pétalos, estambres, pistilos, pero sí referencias a la naturaleza: la figura de un elegante lobo aullando, un dúo de orgullosos ciervos, un altivo loro, graciosos pingüinos, un soberbio dragoncillo, en solitario, un unicornio o un pegaso, en pareja o en magníficas familias con encantadores miembros menores, todos en papel, por supuesto, de distintos colores, negro, cobre, plata, blanco o en un papel impreso. Pero no pasarían de la belleza del papel doblado creando figuras si no fuera por el sencillo pero genial detalle de que cada uno de ellos se encuentra en una pequeña urna de cristal sobre una sencilla base de madera, creando un pequeño universo natural congelado en el tiempo cuya belleza resulta hipnótica.

Los precios se mueven desde desde los 49 a los 134 euros, en función de la complejidad y la cantidad de figuras que incluya cada campana, un bajo precio para un objeto decorativo que le da vida, color y singularidad a cualquier rincón, mesa o estantería de una estancia cobrando un maravilloso protagonismo.

Florigami es el trabajo de una francesa, Florianey ahora entenderás el origen de la marca, como nos ha pasado a nosotros– que dejó su profesión de Física para dedicarse a desarrollar su pasión por este imaginario animal de papel tan singular, en solitario y en colaboración con otros buenos artistas del arte de origen japonés de doblar papel para crear figuras sin cortes ni pegamento: ori = doblar, gami = papel. Un arte que tiene sus orígenes en la China del siglo I o II de nuestra era, que los japoneses han hecho desde el periodo Heian (S VI) algo propio y que gracias a la globalización podemos disfrutar todos con obras que vienen desde francia. Preciosas, ¿verdad?

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