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Los animales en la música clásica.

En la antigüedad, griegos y romanos creían que los animales, sobre todo los pájaros, eran los inventores de la música, y que los seres humanos la aprendieron imitándolos.

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La Naturaleza, y los seres vivos que en ella habitan, han sido una de las grandes fuentes de inspiración de los músicos, siendo los animales, sobre todo los pájaros, los seres vivos a los que más se ha recurrido para crear diferentes aunque siempre sublimes composiciones. La obra más conocida por todos seguramente sea El Carnaval de los Animales de Camille Saint-Saëns, una sinfonía compuesto por 14 piezas concebida como un divertimento musical orientado a ridiculizar a compositores e intérpretes de la época. Por eso, Saint-Saens prohibió que esta obra volviera a ejecutarse después de su estreno mientras viviera, con excepción de una sola de sus piezas, El Cisne. En Loff.it no entendemos porqué no indultó a más, al menos a la sutil Aquarium, una composición que evoca la sonoridad del mundo subacuático. De todas formas, el cisne de Saint-Saens nada tiene que ver El cisne de Tuonela de Sibelius.

Serguéi Prokofiev escribió Pedro y el Lobo tras su regreso a Rusia –la Unión Soviética- en 1936. Era una pieza alejada de las ambiciosas partituras escritas por Prokofiev hasta entonces, y que encajaba a la perfección con las órdenes de Stalin, que la música debía ser sencilla e inteligible. Desde que se estrenó, Pedro y el lobo es la obra musical favorita en los conciertos dedicados a los niños, porque es una pieza en la que diferentes instrumentos de la orquesta representan los personajes del cuento infantil y resaltan las palabras del narrador.

La Trucha, del vienés Franz Schubert es un Quinteto para piano y cuerdas escrito para un grupo poco frecuente formado por piano, violín, viola, violonchelo y contrabajo. Es quizás la obra para música de cámara más conocida de Schubert. Su movimiento más famoso está basado en el tema musical de un lied del propio Schubert llamado La Trucha, que da nombre al quinteto completo. Fue compuesto cuando Schubert tenía solamente 22 años.

La Flauta Mágica es la última ópera de Mozart y fue compuesta en el mismo año de la muerte del compositor. Dicen muchos críticos que podrían rastrear sus influencias masónicas, ya que se cree que Mozart perteneció a la masonería y en los momentos políticos que se vivían para el momento de su estreno, esta organización era considerada como peligrosa. El primer cantante que interpretó a Papageno, el pajarero u hombre-pájaro, fue Schikaneder que se cree haber sido el hermano de logia de Mozart. La ópera se ha convertido en parte importante del repertorio operístico y para muchos es la mayor obra del genio austriaco y una de las mejores óperas de la historia.

Sin duda, El Lago de los Cisnes del compositor ruso Tchaikovsky es una de las obras maestras del ballet clásico tradicional. Se estrenó en el Teatro Bolshoi de Moscú, y cuenta la historia del príncipe Sigfrido, quien es invitado por sus amigos a una cacería en un lago cercano con el propósito de distraerlo para que pueda elegir consorte. Los cazadores llegan a un lago dominado por un brujo llamado Von Rothbart, quien al verse perseguido por Odette la transforma en un precioso cisne junto con su corte.

El Vuelo del Moscardón, de Rimski-Kórsakov, es parte de El Zar Saltán, ópera basada en una leyenda rusa, donde una princesa cuenta que el zar Saltán se casa con una chica cuyas envidiosas hermanas traman un plan para matarla. Pero ella sobrevive con su hijo, que acaba siendo un príncipe famoso con ayuda de un cisne que tiene la capacidad de concederle los deseos que pida.

Ya sólo queda escuchar.

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