Los lugares que habitó Mademoiselle Chanel.

Del hospicio a palacio.

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Para entender una vida es preciso atender a los lugares en los que se ha desarrollado. Por elección o por azar, paisajes, naturaleza, colores, olores, estancias, gentes… conforman nuestra manera de ver y entender el mundo.

Si es así en la vida de cualquiera, en el caso de Coco Chanel, tan atenta en su manera de vivir a señales fuera de la común, esta verdad resulta innegable. En una vida tan cambiante, tan llevada y tan traída, tan de arriba y de abajo, tan de luces, pero también con sus sombras, los lugares marcan cambios importantes en la vida de la creadora francesa. Por ser la nuestra, es una elección subjetiva, pero es la que nos ha permitido comprender mejor la trayectoria vital de esta mujer extraordinaria.

Saumur. El nacimiento.
En esta ciudad situada en la región de Países del Loira, el 19 de agosto de 1883 nace la pequeña Gabrielle Chanel de una pareja ilegítima. En la algarabía de la ciudad en fiestas, Jean Devolle, compañera del vendedor ambulante Albert Chanel, dio a luz en un hospicio. Para las mujeres de la burguesía, venir al mundo de ese modo era algo miserable. La familia de buhoneros se instaló en la localidad de Issoire, donde la pequeña pasaría sus dos primeros años de vida.

Aubazine. El orfanato.
En un intento desesperado por borrar las huellas de un pasado cruel, hay una palabra que jamás volvió a salir de los labios de Gabrielle Chanel: orfanato. Entre los muros del más grande de la región abandonó en 1895 Albert Chanel a sus pequeñas al morir su esposa. Después, un internado para niñas pobres donde fueron instruidas y educadas por caridad. Dependienta en Moulins; corista en Vichy en la Belle Époque

Compiègne. Instalada en la burguesía.
Convertida en amante del jinete aristócrata Étienne Balsan, se tralada al castillo Royallieu, donde Gabrielle saborea ciertos bienes anhelados: una vida ociosa, ser la mejor amazona, no preocuparse por nada… Allí se convirtió en la mujer avanzada que siempre sería: “Una pastora que olía a estiércol, a botas de cuero, a maleza, a guarnicionaría…” en palabras de Paul Morand, su confidente. Allí también conoció a Arthur Capel, “el único hombre que parece creado para mí” según sus palabras, y el primero en creer en su talento.

París. En un principio y siempre.
Arthur y Coco se hacen amantes y se instalan en París. En 1910 ya creaba sus sombreros en el 21 de la después mítica rue Cambon. Coco construyó su indumentaria a le medida de sus necesidades, y lo hizo apropiándose de formas poco frecuentes en la alta burguesía, con ropa de trabajo, de obreros. En 1914 sus modelos ya estaban en el candelero. Y llegó la guerra.

Biarritz. O el refugio de la guerra.
Desde Biarritz siguió su plan de expansión con las mujeres de la burguesía vasca como objetivo. Las cosas no le fueron nada mal y en 1916 pudo devolver a Capel el dinero prestado y conseguir su meta: ser independiente. Tras la guerra llega la nueva mujer: la que lleva pelo corto, la que puede tomar el sol y vestir con comodidad. Después de la guerra, y siempre, Picasso, Diaghilev, Cocteau, Paul Morand, el teatro, el arte, la danza… En 1919 muere en accidente de tráfico Arthur Capel y deja a Coco rota de dolor.

Eaton Hall (Inglaterra). Una pasión de altura.
En el noroeste de Inglaterra está una de las propiedades de su nuevo amante, el duque de Westminster. Lo conoció en 1925 en Montecarlo y su relación amorosa introdujo a la diseñadora en un mundo tan atractivo como decadente. Allí Mademoiselle Chanel se codeó con la realeza, conoció a Churchill, el mismo que doce años más tarde la salvaría a golpe de teléfono de las garras de las Fuerza Francesas de Interior de un París invadido durante la Segunda Guerra Mundial.

Roquebrune (Costa Azul). Su primera casa de veraneo.
El mito de Coco Chanel había llegado incluso a Hollywwod, donde la diseñadora viajó con un contrato millonario para vestir a las estrellas, pero volvió hastiada de los caprichos de la meca de cine. Con 45 años, la diseñadora adquiere su primera casa de vacaciones, un bosque de olivos y una hermosa vista en los altos de Roquebrune. Una casa de una belleza severa, simple y blanca, que recordaba el orfanato en el que vivió ‘aquellos’ años.

Suiza. Un exilio de ocho años.

A principios de septiembre de 1944 Coco Chanel fue arrestada en sus habitaciones del Hotel Ritz acusada de colaborar con el enemigo en un París a duras penas controlado por la Resistencia. Poco después se exilia a Suiza, protegida sin duda por Westminster y su amistad con Churchill. Si a esto unimos el triunfo de un joven Christian Dior podemos entender el por qué del olvido del reino de Chanel.

Luberon (Provenza). El descanso tras la reinvención.

En 1954 Coco Chanel regresa tras quince años desaparecida. Para entonces tenía más de 70 años y las críticas fueron despiadadas… en Europa. En EE.UU en cambio sus propuestas eran bien aceptadas y la revista más leída de la época, Life, concedió una entrevista a esa mujer mayor que era Mademoiselle Chanel. Poco después sus trajes de chaqueta se convertirían en la prenda de culto de las burguesas norteamericanas. En esa época, Lubero, un típico pueblo provenzal. le sirvió de vía de escape. El 10 de enero de 1971 moría en su apartamento de París; tenía 87 años. Su cuerpo yace en Lausana, Suiza.

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