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Fotografía en la Fundación Mapfre: Julia Margaret Cameron y el poder de la imperfección.

La Fundación Mapfre acoge la obra de Julia Margaret Cameron. Una de las grandes pioneras de la fotografía del siglo XIX.

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No lean. No escuchen. Miren. Sólo miren cada una de las quince fotografías que acompañan al texto. Deténganse en cada detalle, en cada rostro; en el color y en las texturas. En las atmósferas desdibujadas, la luz, el encuadre. Piérdanse en la profundidad de las miradas extraviadas de las niñas y mujeres que habitan las imágenes, en sus rasgos melancólicos, su apariencia hierática… ¿Se han fijado bien? Exacto. Ninguna de ellas sonríe. Contemplan el mundo victoriano de la isla de Wigth como escapadas de un sueño. Como si les resbalasen las imposiciones de la sociedad encorsetada en la que vivieron. Desafían a la cámara (y al espectador) con una entereza implacable.

Julia Margaret Cameron (Calcuta, 1815 – Ceilán, 1879) toma su primera fotografía a los 48 años — el retrato de Annie, hija del poeta William Benjamin Philpot —, cuando el llamado pictorialismo fotográfico estaba aún muy lejos de convertirse en la corriente rebelde que reivindicaba la fotografía como arte. Quizá te divierta, madre —comentaba su hija al regalarle aquella cámara en 1864—, intentar hacer fotografías durante tu soledad en Freshwater. Un acierto, sin duda. Desde entonces Julia Margaret Cameron se dedica a la fotografía con ahínco y determinación. Eso sí, saltándose las reglas imperantes, jugando con el desenfoque, la iluminación, captando a sus modelos como nadie había hecho antes.

¿Experimento o error?

Despreciaba la técnica, maltrataba sus negativos, utilizaba objetivos inadecuados para las placas elegidas, conservaba los arañazos y manchas como parte del efecto artístico de su obra. Tampoco sus retratos se ajustaban a las reglas del posado de la época. Sus modelos aparecían despeinadas, a medio vestir, a veces somnolientas, siempre insumisas, desafiantes, impenetrables. Abusaba de sus “accidentales errores” con toda la intención, llevándolos al límite para crear una poética visual propia, al margen de la rígida estética victoriana. Semejante osadía le trajo infinidad de críticas, además del rechazo de sus contemporáneos. Pero ella cruzó los límites de la imperfección en busca de la belleza, desvelándonos melancólicos universos infantiles, empujándonos a las profundidades de una naturaleza femenina que, despojada de maquillaje, se perfila aún más enigmática.

Una de las artistas más controvertidas del siglo XIX, también de las más prolíficas, Julia Margaret Cameron asaltó los misterios de la belleza y el arte dejando su legado pionero al Victoria and Albert Museum (Londres) que junto a la Fundación Mapfre organiza una ambiciosa retrospectiva dedicada a la fotógrafa británica. Un recorrido por su tardía e intensa trayectoria profesional a través de un centenar de imágenes que puede visitarse hasta el próximo 15 de mayo en la Sala de Exposiciones Bárbara de Braganza (Madrid).

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