Tristan Bernard, uno de los dramaturgos más representativos del teatro francés contemporáneo. Biografía, citas, frases.

Nació en Besançon el 7 de septiembre de 1866.

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Tristan no se llamaba Tristan, se llamaba Paul. Ya sabemos que en aquel Paris del XIX muchos escritores antes de ser conocidos se cambian el nombre. Como Anatole France, que tampoco se llamaba Anatole, Paul se lo cambió por Tristan, un nombre simpático y que pegaba bien con su apellido. Tristan vestía mal, sucio y desgarbado, con una descuidada y espesa barba negra y un sombrero que no sustituía hasta que no se le caía a pedazos. Sin embargo, Tristan se convirtió en el autor más popular del París de su época. A Tristan le conocía todo el mundo. Bastaba con que su nombre apareciera en una reunión para que la gente sonriera de agradecimiento al hombre que les hacía reír. A pesar de los descuidos lamentables de su indumentaria, Tristan Bernard era un hombre muy querido y solicitado.

El caso es que Tristan era serio, muy serio, tanto que antes de iniciar sus actividades periodísticas como redactor-jefe del deportivo Journal des Vélocipédistes había estudiado Derecho. Serio de esos que cuentan chistes, detallan anécdotas hilarantes y gastan bromas, y no se ríe, mientras los que lo escuchan se parten. Las bromas, mientras más pesadas, mejor, porque o pesadas o mejor no darlas. A veces abusaba de ellas, todo le estaba permitido, son cosas de Tristan. Esa forma de ser que demostraba en la intimidad la trasmitía a todas sus obras, unas cuarenta piezas de teatro menor, entre comedias y vodeviles, y un buen puñado de novelas con las que ridiculizaba a la alta burguesía francesa Fin de siècle. A pesar de su mordaz crítica, Tristan Bernard acabó convirtiéndose en uno de los comediógrafos preferidos de la crítica y de los espectadores.

Toda la producción dramática de Tristan Bernard se desarrollan en un pequeño mundo donde los personajes, indolentes, ingenuos y vulgares, se salvan gracias al azar en situaciones ridículas rodeadas de ironía. Sin embargo, en el fondo de sus escritos subyace una concepción indulgente y compresiva del género humano. Quizás por eso lo entendían y querían. Entre las más aplaudidas en los escenarios destacaremos Les pieds nickelés, Le fardeau de la liberté, L’Anglais tel qu’on le parle, Triplepatte, Le poulailler, Le petit café, Le danseur inconnu, Le sexe fort, Le prince charmant y Embrassez-moi. Entre sus novelas, Mémoires d’un jeune homme rangé, Un mari pacifique, Amants e voleurs, Mathilde et ses mitaines, Féerie bourgeoise y Paris secret, son las mejores.

Sus Citas y Frases célebres

  • El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada.
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    “El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada.”

  • Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres.
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    “Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres.”

  • Lo que nos agrada de nuestros amigos es la atención que nos dedican.
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    “Lo que nos agrada de nuestros amigos es la atención que nos dedican.”

  • Para ser feliz con los demás es necesario no pedirles aquello que no puedan darnos.
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    “Para ser feliz con los demás es necesario no pedirles aquello que no puedan darnos.”

  • Un ahorrador es un imbécil que inmoviliza mil francos para ganar cinco, e ignora cuántas cosas bellas se pueden hacer con mil francos.
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    “Un ahorrador es un imbécil que inmoviliza mil francos para ganar cinco, e ignora cuántas cosas bellas se pueden hacer con mil francos.”

  • La humanidad, que debe tener seis mil años de experiencia, retorna a la niñez en cada generación.
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    “La humanidad, que debe tener seis mil años de experiencia, retorna a la niñez en cada generación.”

  • Prefiero ser accionista de una buena empresa que sólo propietario de una mala.
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    “Prefiero ser accionista de una buena empresa que sólo propietario de una mala.”

  • Fue Dios quien creó el mundo, pero parece ser que es el diablo quien lo mantiene.
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    “Fue Dios quien creó el mundo, pero parece ser que es el diablo quien lo mantiene.”

  • Para mí la vanidad es una dolencia tan superficial, que basta con rascarme un rato para que se me quite.
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    “Para mí la vanidad es una dolencia tan superficial, que basta con rascarme un rato para que se me quite.”

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