Samuel Taylor Coleridge, una de las voces más intensas y breves del romanticismo. Biografía, citas, frases.

El poeta del romanticismo Samuel Taylor Coleridge, nació el 21 de octubre de 1772 en la ciudad inglesa de Ottery St Mary.

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El Romanticismo irrumpió en la historia espoleado por tres grandes revoluciones, la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y la Revolución Americana. Como ocurre con todo movimiento, desconocemos el momento exacto de su inicio, aunque suele tomarse como fecha de referencia el periodo que va desde 1789, año de la Toma de la Bastilla y en que se publican las Baladas Líricas, hasta 1837 con la llegada al trono de la Reina Victoria de Inglaterra. Hasta ese momento, la razón era una verdad universal incuestionable. El Romanticismo reacciona contra la cultura de la razón y entra en la modernidad con la fuerza que impone una reorientación del espíritu y una revalorización de los elementos de la experiencia.

El nuevo concepto de verdad y belleza reside en los sentimientos del alma. La naturaleza renace ante los ojos de los poetas que la observan y la describen con infinita belleza. También resurgen la mágica tradición oriental y el clasicismo griego con sus alegorías fantásticas. El espíritu revolucionario se apodera de ellos y reaniman con sus textos el color desaparecido bajo las chimeneas humeantes de las fábricas. En todo esto, Coleridge fue uno de los primeros.

Samuel Taylor Coleridge fue el hijo menor de los catorce que tuvo un pastor protestante de provincias, un niño precoz y solitario, soñador desde muy temprano, y todo un carácter. Cuando sólo tenía nueve años, perdió a su padre, y fue acogido por el Christ’s Hospital de Londres, un excelente colegio que le proporcionaría la educación intelectual que Coleridge necesitaba. Terminados sus estudios superiores, las deudas le obligaron a alistarse en el Regimiento de los Dragones Reales pese a que no podía sostenerse sobre un caballo. Limpió establos y dio prueba de su utilidad redactando las cartas de amor de sus compañeros. Hasta que se marchó a Cambridge.

En Junio de 1794, el joven poeta, estudiante en la universidad de Cambridge y sin un céntimo, se encontró con Robert Southey, estudiante de la universidad de Oxford. Ambos tenían aspiraciones poéticas y eran radicales en política, lo que les condujo a simpatizar con el experimento republicano francés, hasta el punto de que su fracaso les llevó a planear la fundación de una comunidad regida por principios democráticos. La llamaron Pantisocracia, aunque el proyecto nunca se llevaría a la práctica.

En 1795 conoció a Wordsworth, lo que se tradujo en la colaboración de ambos en un volumen de Baladas líricas, que se convirtió en un hito de la poesía romántica inglesa. El libro contenía los primeros grandes poemas de la escuela romántica, como la Balada del viejo marinero, un preludio de lo que luego será el Surrealismo, sobre todo en el poema Kubla Khan, un afligido análisis de los sentimientos al más puro estilo romántico.

Por entonces, Coleridge ya era adicto al opio como remedio para su reumatismo. Coleridge cesó de escribir poesía después de 1807 e inició una nueva vida profesional como conferenciante, redactor de periódicos y escritor capaz de tratar cualquier tema por encargo, aunque sus miserias aumentaban. En 1816, envejecido prematuramente, Coleridge se instaló en la residencia londinense de un admirador suyo, el médico James Gillman como único medio para sobrevivir. Allí escribiría su principal obra en prosa, Biographia Literaria. De esta última etapa como uno de los más influyentes filósofos y críticos literarios ingleses del siglo XIX depende su importancia histórica. Sin olvidar que su teoría de la poesía produjo una de las ideas centrales de la estética romántica, la imaginación como elemento mediador entre las muchas culturas de la modernidad.

Sus Citas y Frases célebres

  • No existe nada más contagioso que el entusiasmo.
    1 / 10

    “No existe nada más contagioso que el entusiasmo.”

  • La amistad es un árbol que nos cobija.
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    “La amistad es un árbol que nos cobija.”

  • He aquí un buen criterio para medir al genio: observad si progresa o sólo da vueltas sobre sí mismo.
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    “He aquí un buen criterio para medir al genio: observad si progresa o sólo da vueltas sobre sí mismo.”

  • No hay espíritu perfectamente conformado si le falta sentido del humor.
    4 / 10

    “No hay espíritu perfectamente conformado si le falta sentido del humor.”

  • La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.
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    “La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.”

  • Grandeza y bondad no son medios sino fines.
    6 / 10

    “Grandeza y bondad no son medios sino fines.”

  • El único y verdadero espíritu de tolerancia consiste en tolerar conscientemente la mutua intolerancia.
    7 / 10

    “El único y verdadero espíritu de tolerancia consiste en tolerar conscientemente la mutua intolerancia.”

  • Sólo quien ama su hogar ama también su patria.
    8 / 10

    “Sólo quien ama su hogar ama también su patria.”

  • Para muchas personas, la experiencia es como los rayos de luz que salen de una embarcación: sólo alumbran el sendero por donde pasan.
    9 / 10

    “Para muchas personas, la experiencia es como los rayos de luz que salen de una embarcación: sólo alumbran el sendero por donde pasan.”

  • Afectos y bellezas he perdido que serán intensos recuerdos cuando la edad ciegue mis ojos.
    10 / 10

    “Afectos y bellezas he perdido que serán intensos recuerdos cuando la edad ciegue mis ojos.”

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