La novia.

No existe la felicidad completa sin una cabra que toque el violín.

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No existe la felicidad completa sin una cabra que toque el violín. Con esa frase explica la popular actriz americana Anna Scott al vendedor de libros inglés William Thacker la razón por la que, para ella, el amor está perfectamente representado en el cuadro de Chagall La novia. La escena sacada de la película Notting Hill, interpretada por Julia Roberts y Hugh Grant, fue un capricho del guionista para quien esa pintura representa un vestigio de un pasado que no volverá. Así era. La figura femenina es la primera mujer de Marc Chagall,  Bella Rosenfeld. Sin ser la novia en la boda, porque va vestida de rojo pasión, le cubre la cabeza un velo nupcial. Ella flota suspendida en el aire mientras una figura masculina la envuelve casi sin tocarla, como si le arreglara el velo. La novia parece caminar hacia el autor del cuadro, como si fuera a saltar del lienzo hasta la mano que sujeta el pincel. Todo es azul. Azul Chagall. Al fondo, la iglesia que asoma sobre unas casas delata el pueblo natal del pintor, Vitebska (Bielorrusia). Un arenque parece tocar un instrumento musical. Por increíble que parezca representa al padre de Marc.

Nacido Moishe Shagal en 1887 creció en una familia muy modesta. Su padre trabajaba en una fábrica de salazón de arenques (un trabajo propio de un esclavo en galeras, según las palabras del propio Marc) y la madre vendía comestibles en su casa y cuidaba de sus nueve hijos. Muy pronto empezó a estudiar dibujo y se trasladó a San Petersburgo. En uno de sus viajes a Vitebska conoció a Bella de la que se enamoró ya para siempre: Su silencio es el mío, sus ojos los míos. Es como si ella supiera todo sobre mi infancia, mi presente, mi futuro; como si pudiera ver a través de mí. En 1944, tras 35 años de matrimonio, Bella murió de una infección vírica en Nueva York. Faltaban medicinas por culpa de la guerra. Marc Chagall ya era el famoso pintor en que se convirtió, y habían recorrido toda una vida de la mano: Lituania, Alemania, Francia y finalmente los Estados Unidos. Él siempre consideró a Bella otra víctima más del Holocausto judío. Esa es la mujer del cuadro, pintado cuarenta años después de conocerla y tras rehacer su vida con Virginia Haggard McNeil.

Pero además de su padre, su pueblo y su mujer, hay más símbolos en el cuadro de Chagall: una cabra sonriente que toca un violín se une a los musicos que acompañan la fiesta. La cabra y Chagall. Según los entendidos, el Padre Primordial de los clanes de Judá, que más tarde se fusionaron en el reino de Judá, y con el tiempo se desarrolló en el pueblo judío, era Yahvé – la Cabra. Las cabras de Chagall sonríen con los ojos y tienen aspecto divertido. En esta ocasión anima la fiesta. Muy diferente de la cabra occidental, que es lujuriosa y malévola, ésta es empática y cariñosa. Como un dios padre juguetón.

Toda la ingente obra de Marc Chagall está plagada de estos elementos: su padre, su ciudad, el judaísmo y su amada Bella. Pasó toda su vida representando lo que, Richard Curtis, guionista de Notting Hill describía como “un pasado que no volverá”.

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