Godgifu: el regalo de Dios que pasea desnuda.

Este cuadro representa dos de los síndromes psiquiátricos de parafilia más populares: el voyeurismo y el exhibicionismo

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La historia que muestra este cuadro representa dos de los síndromes psiquiátricos de parafilia más populares: el voyeurismo y el exhibicionismo. Son injustos los psiquiatras cuando llaman “síndrome de Godiva” a la tendencia a exhibir la desnudez ante otros. Mirando a Godiva oculta bajo su larga melena, nadie lo diría. Su rostro avergonzado con la mirada fija en la crin del caballo no parece mostrar disfrute alguno.

Cuenta la leyenda que Godiva, originariamente Godgifu, que significa regalo de Dios, era la mujer de Leofric, Señor de Mercia, en la Inglaterra del siglo XI. Lady Godiva imploró a su estricto marido que bajara los impuestos a sus siervos, pero Leofric tenía un corazón muy duro. Finalmente, accedió a la petición de su esposa solamente si se paseaba por el mercado de Coventry, donde residían, completamente desnuda. La dama aceptó y así lo hizo. Es la escena plasmada en el cuadro. Todos los habitantes de Coventry cerraron sus ventanas en señal de respeto, excepto uno, Tom, quien se asomó por una rendija para ver a la señora desnuda pasear a lomos de su caballo. Sin embargo, Tom  perdió la vista justo en el momento cumbre y no pudo ver nada. Desde entonces, Peeping Tom, que es como se le conoce, es el paradigma del voyeur que espía tras las cortinas.

Nada nos cuenta la leyenda de la situación de Leofric, Señor de una tierra invadida por Cnut el Grande de Dinamarca y rey de Inglaterra desde hacía pocos años. El nuevo rey vikingo había permitido que cada tierra fuera gobernada por su señor, pero  había ordenado que su guardia se financiara con un impuesto sobre la posesión de caballos, el heregeld.  Leofric tampoco era cualquiera: Mercia era una de las cuatro partes en que se dividía Inglaterra y abarcaba lo que hoy se conoce como Midlands. La familia de Leofric había regido Mercia desde sus orígenes, y ahora se veía obligado a expoliar a sus súbditos para obedecer al nuevo rey invasor. Nada fácil.

Las crónicas nos dicen que la leyenda no es más que eso: una leyenda. Godiva y Leofric existieron. Y eran muy piadosos. Se casaron ambos en segundas nupcias cuando ya eran maduros, y se dedicaron a financiar monasterios, catedrales, y a mantener la paz en sus dominios. Tampoco es fácil conocer el pasado de Godiva: la ciudad de Coventry fue asolada por la Lutwaffe en la segunda guerra mundial y apenas se conserva nada. El mismo Herbert Art Gallery and Museum donde se custodia el precioso cuadro de John Collier es muy reciente y hasta la catedral hubo de ser reconstruida.

La lección es clara: necesitamos leyendas. La de Lady Godiva surgió un siglo después de su muerte, probablemente al mezclar algún juglar historias de diferentes mujeres revelantes. Pero representa la defensa del pueblo frente al opresor, en dos sentidos. En primer lugar frente a quien impone tributos para su mayor gloria. El segundo, frente al invasor extranjero. El contraste entre la desnudez casta, el coraje humilde y la resistencia sin dejar de obedecer a su señor de Lady Godiva son palpables en el trabajo de John Collier, especialista en este tipo de “problema pictures” en los que plantea una situación o pasaje controvertido y problemático.

Lady Godiva (la de la leyenda) y su versión española, María de las Godivaciones, es mi enseña desde abril del 2007.

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