Gotas de oro.

Cartier ha creado una edición limitada de su mítico reloj Crash, esta vez con brazalates recubiertos con un pavé de diamantes y oro.

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En 1967, se termina de engranar la última pieza del mecanismo del Crash, uno de los relojes más emblemáticos de Cartier. Lo hace en pleno corazón del Swinging London, enmarcado en una corriente pop y transgresora sin igual. Hoy vuelve a estar de actualidad.

Dice la historia que su sinuosa silueta se debe a la idea que tuvo Jean-Jacques Cartier cuando vio el reloj accidentado que llevó un cliente a la tienda de la City para repararlo. «Quedó seducido por la forma de la caja en la que quedó la pieza cuando lo trajeron a arreglar», explican desde la firma joyera.

Con su esfera asimétrica, la casa presentó el pasado enero en el Salón Internacional de Alta Relojería de Ginebra una edición limitada de este modelo emblemático. Se trata de una colección cápsula de cuatro modelos que se completan por primera vez de un brazalete compuesto por pequeñas ‘gotas’ de oro blanco o rosa. En dos versiones aún más impresionantes, es un pavé de diamantes (una de oro rosa y otra de oro blanco) el que recubre toda la pieza.

Con 18 rubíes y un grosor de 8,80 mm, la caja tiene brillantes engastados y unas manecillas de acero azulado en forma de espada. Con movimiento manual, el diámetro de la caja es 38,45 x 25,50 mm. En el caso de las ediciones con pavé de brillantes, el número de piedras es de 471, lo que corresponde a 4,27 quilates aproximadamente.

De los modelos de oro (rosa y blanco) se han fabricado 267 ejemplares, mientras que para el de diamantes han limitado el número a 67, en un guiño al año de su creación. Estará disponible sólo en algunas boutiques Cartier (a partir de 23.500 euros aprox.).

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