La controversia entre moda y lujo.

Entrelazados en el inconsciente colectivo, el lujo y la moda, como modelos de negocio y como concepto, son esencialmente opuestos.

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A menudo relacionamos los conceptos de moda y lujo. La notoriedad social de los iconos de la moda en entornos exclusivos por una parte, y la aparición de figuras internacionales del deporte en sus mansiones de ensueño promocionando artículos de moda, por otra, explican que en el imaginario colectivo ambos conceptos estén entrelazados.

Y, sin embargo, la esencia que define uno y otro negocio es antitética. El negocio de la moda se basa en la venta de productos efímeros que marcan tendencia a cortísimo plazo, y que han de renovarse una vez tras otra. El modelo de negocio del lujo es diferente. Es necesario que sea sostenible, mantener clientes exclusivos dispuestos a pagar un precio, no solamente por la exclusividad sino también por la calidad de los bienes y servicios. La percepción del negocio del lujo desde el punto de vista del consumidor no es la misma que desde el punto de vista del productor. El consumidor se deja llevar por las ciudades, las calles, las tiendas, los sitios web, que tienen la etiqueta “premium”, las tarjetas de crédito exclusivas, y mientras sean suficientemente caras, considera que son lujo. Pero el productor ha de asegurar la posición del bien o servicio que ofrece, sabedor de que la reputación es la base de su existencia. Efectivamente, el negocio del lujo, que no siempre se apoya en la moda y la publicidad, precisamente para asegurar esa exclusividad, se basa en la comunicación boca a boca entre los miembros del selecto club de millonarios usuarios de servicios y bienes de lujo. Una queja en boca de un cliente de toda la vida es un riesgo enorme y ha de ser compensado.

Vender moda es, muchas veces, vender humo. Bello, con estilo, distinguido… pero desde el punto de vista económico, humo. Esa es la ventaja de los “clásicos”, tienen más permanencia. El llamado “fondo de armario”, el LBD (little black dress) o vestido negro de cocktail, el traje sastre, son ejemplos que ilustran de que se trata. La moda no tiene que ofrecer calidad necesariamente, el lujo, por el contrario, sí.

Tanto si hablamos de ambos modelos de negocios, como si nos referimos a la esencia de los conceptos, el lujo y la moda no van siempre de la mano y es necesario diferenciarlos. Su unión actual, fruto de la conveniencia económica, no debería llevar a la confusión de ambos conceptos.

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