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Más allá del lujo.

El Burj Al Arab está considerado siete estrellas, por su grandiosidad...

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Está considerado como un hotel de siete estrellas. Realmente no existe dicha categoría, pero es tal la grandiosidad del Burj Al Arab que los rankings tradicionales se le quedan pequeños. Los 321 metros que lo convierten en el tercer hotel más alto del mundo se alzan imponentes sobre las playas dubaitíes, desafiando a los vientos con su mítica forma de vela. Ese diseño le permite además “jugar” con su vecino, el hotel Jumeirah Beach, que está construido imitando el vaivén de las olas del mar.

Los turistas se agolpan en la puerta, junto a la garita de seguridad, para hacerse fotos. El acceso al Burj Al Arab está restringido a huéspedes o gente que haya hecho reserva en alguno de sus restaurantes. Quizá por eso cruzar ese umbral y recorrer la pasarela que lleva hasta su propia isla (creada artificialmente para evitar la sombra en la playa) provoca esa extraña sensación que hacer comprender el concepto de exclusividad del que presume el hotel.

La entrada es deslumbrante. Fuentes, colores, medidas imposibles y mucho mucho dorado. Por lo visto, cuando el jeque promotor de la construcción fue a visitar el edificio ya terminado, quedó muy desilusionado por la ausencia cromática (especialmente del color del oro), e hizo que se repintara todo de arriba abajo, trabajo que llevó seis meses más. Llama la atención también que no hay recepción, pero por supuesto no es un descuido: en pos de ir más allá en lo que a atención personalizada se refiere, cada planta tiene su propia mesa en la que hacer check-in.

Las habitaciones son espectaculares. Todas con dos pisos –lo que permite incrementar la altura general del edificio- y perfectamente domotizadas para que, si se desea, no haga falta ni levantarse del sofá (incluso hay una cámara en cada puerta que permite ver desde la tele quién llama a nuestra habitación). Pero quedarse quieto es casi imposible, al menos para alguien con un mínimo de curiosidad. Y es que los detalles están cuidados al extremo y recorrer cada centímetro es una experiencia en sí misma.

Exclusivo. Ostentoso. Lujoso. ¿Inalcanzable? Es posible, pero en loff.it nos gusta soñar y eso, por ahora, puede hacerse un poquito más real aunque sea a golpe de ratón.

Burj Al Arab

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