La oscura Blackline.

La última Harley es un moto negra como el asfalto a medianoche que diría un motero. Sobria y elegante, sorprende por su minimalismo.

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La descripción que Harley-Davidson hace de su Blackline es “grande, rebajada y sin estridencias”. Y esto ¿qué significa? Pues parece ser que, pese a su descomunal tamaño (2,41 metros) y a su fabulosa facha, es una moto absolutamente minimalista, sin más accesorios que los estrictamente necesarios.

De hecho, lo más excéntrico o llamativo en ella, parece ser su depósito de combustible que lleva el tapón a la derecha y que esconde el mecanismo de la bomba de gasolina en un panel en la parte central. Única concesión que se ha hecho a una máquina cuyas llantas tintadas en negro homenajean la filosofía de su nombre.

La Blackline (a partir de 17.990) es sobria y elegante, pero nadie le quitará el placer de adoptar, al montarla, esa pose típicamente transgresora de motero de Harley y que se usó por vez primera en >las bobber de los años sesenta.

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