Velas de cuento.

¿A qué huelen las grandes historias?

Érase que se era… 1643. Un discreto comerciante de cera y velas para el hogar llega a París y compra una pequeña tienda en la Rue-Saint-Honoré.

Durante años se afana en hacer las mejores velas para iluminar una época en la que no existe la luz eléctrica. En aquel pequeño negocio trabajan duramente él, sus hijos, sus nietos… Durante generaciones la fama y el prestigio del apellido de este comerciante se van convirtiendo en garantía de calidad, tanto que Luis XV le convierte en proveedor oficial de la Monarquía hasta su fin y luego Napoleón para el Imperio y…

Casi 370 años después, aquel negocio familiar, aquel sueño de un pequeño comerciante, se ha convertido en el fabricante de velas más prestigioso y, sobre todo, más antiguo del mundo, puesto que ha estado produciendo ininterrumpidamente durante todo ese tiempo las mejores y más maravillosas velas que puedas imaginar. Aquel comerciante se llamaba Claude Trudon, fundador hoy hace 368 años de la magnífica Cire Trudon.

Y ¿a qué huele este cuento? Este cuento huele a lo que huelen las grandes historias, a lo que huelen los grandes cuentos, los de toda la vida, como Simbad el Marino de evocadoras notas acuáticas, almizcladas y espaciadas, o Caperucita Roja caminado alegre con su cesta bajo el brazo entre notas frescas de madera. Y por si quieres más, por si quieres completar los cuentos, vivirlos con intensidad, olerlos, Cire Trudon te trae estas maravillosas velas en su colección «Los cuentos de Trudon«, perfumes de cuento para niños y para mayores. Y colorín colorado, enciende una vela y sueña.

ciretrudon.com



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