Fundido en negro.

Sentía una profunda necesidad de sus manos, de anclarse en ellas a la vida… Volvió al iphone muerto, al portátil sin vida, al teléfono callado… Recorrió la casa buscando un punto de realidad al que asirse, un hilo de conexión a la vida.

Los últimos brillos del sol se colaban entre las cortinas mecidas por una suave brisa, intentó encender una luz pero la lámpara del salón permanecía impasible y apagada, ajena a los mil y un golpes que recibía el interruptor que debía darle brillo; la ansiedad empezaba a despertar en él… Se acercó a la televisión para encontrar silencio y oscuridad, su Iphone, como si hubiese perdido toda su carga de siempre, para siempre; el portátil no abría sus ventanas al mundo… Y caía la tarde ya veloz, con prisa, se adentraba en la noche y sus sombras.

Queriendo huir de la desazón que sabía podía llegar a dominarlo, recorrió la casa, encendió velas envolviendo su hogar en múltiples aromas y sombras al suave vaivén de las llamas. Se acercó al teléfono callado, de nuevo al iphone sin vida, al portátil cerrado… a la ventana, para ver el silencio de la calle vacía, ni un alma…

El sonido de la música retumbaba en su cabeza, una cantinela continua y constante que no podía venir de ningún lugar, todo era silencio fuera… tumulto dentro. Intentó cerrar los ojos, dejarse envolver por la nada y liberar su mente pero la ansiedad que nacía de lo más profundo de sus vísceras, hermana inseparable de su pasión,  recorría ya su cuerpo como si hubiese tomado sus venas y nervios para llegar hasta el último rincón de su alma.

¿Y ella? ¿dónde estaba? ¿por qué no acudía? ¿acaso no sabía? Sentía una profunda necesidad de sus manos, de anclarse en ellas a la vida, alejarse del desierto. Volvió al iphone muerto, al portátil sin vida, al teléfono callado… Recorrió la casa buscando un punto de realidad al que asirse, un hilo de conexión a la vida.

Se cruzó con ella en el pasillo… Sonrió aliviado e intentó gritar su nombre pero su voz callaba, sintió como si ella lo traspasara y siguió su camino hacia el salón, él tras ella viendo su espalda, su caminar pausado y tranquilo… La vio pulsar el interruptor de la luz y acomodarse en el sofá con una revista entre sus manos… La lámpara permanecía sin brillo a sus ojos, las velas empezaban a apagarse… ella leía en el sofá… un nuevo grito callado, la angustia desbocada, el miedo… Huir.

Corría por las calles vacías, por un mundo sin alma, vida muerta… incluso la brisa había cesado, la luna permanecía hierática e inmensa bajo el firmamento y el más profundo de los silencios comenzaba a ahogarlo. Un golpe duro, seco, único… amenazante,  doloroso… encaminó sus pasos al sonido y se adentró en la calle de las ánimas.

Caminaban en un continuo ir y venir sin retorno, camino de ida y vuelta sin fin, absortos en sí mismos, en su yo, su ego y su ser… él aceleraba el paso buscando vida en aquellos ojos vacíos de humanidad, gritos mudos en su voz ausente, caricias vacías de piel, miradas fundidas en negro, silencio, regusto amargo… y el aroma de las velas… Sorprendido por sentir todavía aquel aroma volvió sobre sus pasos…

Ella permanecía en el sofá, con la revista sobre el regazo y escribiendo compulsivamente en su iphone… sonreía… La lámpara oscura, el iphone vacío, la voz callada, el silencio infranqueable… Incomprensión, impotencia, lágrimas.

No supo si pasó una hora una vida cuando sintió unos labios en los suyos, un beso… -Ya está- dijo ella, él callaba recostado en el sofá, en tan sólo unos segundos y amarrando su mirada a los ojos de ella, recorrió los silencios, la oscuridad, el miedo… La lámpara brillaba, el iphone tintineaba al recibir un mensaje, las cortinas bailaban suavemente y ella señalaba al portátil sobre la mesa… con loff.it abierto.

Gritó. Ella lo miraba sorprendida, al borde del susto… él gritó de nuevo para oírse y escucharse, tiró el iphone, cerró el portátil, abrazó su cintura y selló sus labios. Rió. –Pero ¿qué ocurre?- preguntó ella sin entender aquel ansia, aquella prisa… Él tomó su mano arrastrándola a la calle, a sentir aire, oir la ciudad, ojos grandes y vivos, risas, palabras, voces, gritos… a conectarse de nuevo a la vida.

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