Abriendo boca.

Hopper es el pintor estadounidense más representativo y significativo del realismo americano.

El 2012 entra en el Thyssen con una programación muy apetitosa. Del 12 de junio al 16 de septiembre tendrá lugar la exposición “Hopper”, que estará organizada por el Museo Thyssen y la Réunion des Musées Nationaux de France.

No sabemos qué tienen sus pinturas, con esa estética tan norteamericana 30 – 60 del pasado siglo, si será la quietud de las escenas, o sus personajes ensimismados en un mutismo melancólico, o la soledad que emana de toda su obra, que, queramos o no, a veces siempre necesitamos. O quizás lo familiar que puedan resultar sus instantáneas, tan cotidianas y diarias, tan íntimas.

De cualquier forma, el resultado final es magnético. La capacidad de abstracción metafísica de Hopper a través de su obra es absolutamente fascinante e inmensa. Sus representaciones de la vida diaria urbana de Nueva York, los interiores estáticos, o esas playas y acantilados de la Nueva Inglaterra, son casi hechizantes, como en Nightawks (1942), literalmente Halcones de la noche e interpretado en español como Noctámbulos.

Edward Hopper nace el 22 de julio de 1882 en Nyack (Nueva York). Primero estudia dibujo, después pintura, sobre todo con Robert Henri. En 1906 comienza una serie de viajes a Europa -tres-. Va a Paris, Londres, Bruselas, Berlín, y por último a España y de nuevo París en 1910. Conecta con los impresionistas, Manet, Pisarro, Monet, Sisley, Courbet, Toulous-Lauctrec, y le influyen además Diego Velázquez y Goya. El resto con lo que se experimentaba, el cubismo francés y español y el fauvismo o el arte abstracto, no le llaman la atención.

Sus cuadros tienen una rotunda estructura geométrica y las diagonales, verticales y horizontales atraviesan la composición en forma de elementos arquitectónicos. El color es plano, y su radical juego de luces y sombras provocan ese aislamiento de la escena tan directo e inquietante.

Edward Hopper es el pintor estadounidense más representativo y significativo del realismo americano y supo plasmar en sus escenas las emociones dominantes norteamericanas del siglo XX.

Abriendo boca, este canapé me sabe a poco. Sólo nos queda esperar, con los estómagos preparados.

Museo Thyssen-Bornemisza



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