Cinco colores para cinco canciones. Las irisadas sensaciones de la música.

Destellos y melodías que varían a cada instante, cinco canciones para cinco colores o cinco colores para cinco canciones.

Da por hecho que todo cambia a cada instante. Nada permanece ni un segundo. Lo que ahora es verde brillante en un instante palidece. Y viceversa. A cada paso el tiempo varía el azul del cielo infinito y en su recorrido camina desde el negro más oscuro y aparentemente eterno a la esperanza de un nuevo día.

Matices. La vida está llena de imperceptibles matices. De hecho son tan mínimos que sólo se notan cuando es tal su brusquedad que pasan de ser una delicada pincelada a un brochazo gigantesco.

Todo átomo brilla rojo en el fragor de su batalla por hacerse notar entre otros tantos millones y millones de partículas diminutas. Pero no se nota y nadie sabe si está ahí o está allá. Es átomo. Es todo y no es nada. Tal vez amarillo. Tal vez.

Verde como Madness. Azul como Vancouver Sleep Clinic. El negro de Bloom Twins o el Rojo de Fallon Cush. Y el Amarillo e Lili´s House. Cada canción refleja un color. Es un destello. Cambiante.


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