Cinco Canciones Perplejas. Reflexiones en otro idioma muy diferente llamado música.

Un puñado de canciones y un puñado de situaciones que van a la par.

La vida es pura paradoja. Las convicciones son fuertes pero los hechos aún más. Nada es como parece que parece. Los ideales y la moral van prendidos con alfileres y el devenir de lo cotidiano los altera constantemente tanto como el orden establecido por la autoridad competente. La vida es más bien pura parafloja. Canción 1: escúchala a tu aire.

Lo bueno de la rutina es que cambie constantemente. Por eso, aunque unos lo intentan haciendo cada día lo mismo, siempre es todo distinto. Y por eso mismo, los otros, los que buscan la diversidad en cada amanecer o en cada puesta de sol, terminan cayendo en la monotonía de lo diferente. Rotación y traslación. Pura rotina. Canción 2: para oír cayendo en cuenta.

Esto es un tobogán en descenso permanente. Vivimos encerrados en un ombligo gigante sin ventana, tan solo un ojo de buey ciego. Bajar y caer. Más de prisa o más despacio según la inclinación y siempre sujetos a la gravedad de la ley. Encerrados, vivimos en un tubogán. Canción 3: se la manzana de Newton mientras suena.

La lluvia en verano desestabiliza. No se espera, es imprecisa y contumaz. No debería llegar sin previa invitación. La lluvia en Sevilla es una maravilla. Allí es fina y no moja, aunque en ocasiones es torrencial y empapa. Contigo al lado se puede aguantar. La lluvia en Sevilla, con-tu-mas. Canción 4: que rompa en el aire porque eres de esa clase.

La vida, la lluvia, la rutina, la gravedad y todo lo demás son los límites de la irrealidad. Un poco más allá están el cielo, el paraíso prometido, la eternidad y todo lo demás. Las líneas paralelas se unen en el infinito, un lugar mucho más lejano de lo que a simple vista parece. Canción 5: que retumben las paredes.


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