Sinfonía nº 101, El Reloj. Joseph Haydn.
Fermín GuisadoHistoriador, geógrafo y arqueólogo. Como Rasselas, príncipe de Abisinia, creo que es necesario abandonar el Valle de la Dicha para poder alcanzar a saber cómo y para qué vivir. Y mientras camino por la tortuosa senda en busca de la felicidad que aquello supone, aspiro a enseñar a quienes no sepan y quieran, lo que he aprendido, que la buena conciencia es producto de la práctica de las virtudes cívicas más preciadas y que el mundo es nuestro hogar. Colecciono todo lo bueno y bello que voy encontrando al borde del camino.Classical
Durante gran parte de su vida Joseph Haydn (1732-1809) estuvo al servicio de la adinerada familia austrohúngara Esterhàzy. En una ocasión anterior, tuvimos la oportunidad de contar que, a través de la Sinfonía de los Adioses, hizo una elegante reivindicación laboral. Y es que Haydn no alcanzaría el renombre de Mozart y Beethoven pero, además de ser conocido como el Padre de la Sinfonía y uno de los imprescindibles para entender el movimiento romántico posterior, tenía mejor sentido del humor que ellos.
A Joseph Haydn se le atribuyen innumerables historias en las que interviene, utilizando los recursos que le proporcionaba sus conocimientos musicales, su inagotable sentido del humor. Uno de los ejemplos más elocuentes es el de la Sinfonía nº 101, popularmente conocida como El Reloj por el ritmo constante en el que se desarrolla el segundo movimiento –Andante- y que imita el incesante tic tac de un reloj, conseguido con el ostinato del fagot y el pizzicato de las cuerdas a través de la sucesión de entre las tonalidades de Sol Mayor-Sol Menor-Sol Mayor.
Estrenada en marzo de 1794, la Sinfonía nº 101 la escribió durante su estancia en Inglaterra, después de salir de la casa Esterhàzy y pertenece a las doce sinfonías denominadas Londres.