string(528) "Portada / Oops / El 66 de sunset boulevard / Norma Shearer. La reina del olvido."

Norma Shearer. La reina del olvido.

Es posible que el mejor papel de Norma Shearer fuera hacer de Norma Shearer, aunque también es muy posible que de Norma Shearer hubiera hecho mejor Bette Davis

  • E-Mail Text Link for Post
  • pinit
  • g+ 1
  • Tweet
  • facebook
  • WhatsApp

Es posible que el mejor papel de Norma Shearer fuera hacer de Norma Shearer, aunque también es muy posible que de Norma Shearer hubiera hecho mejor Bette Davis. De entre las actrices del olvido, aquellos rostros de los años dorados de Hollywood que no asociamos ya a ningún nombre, de la misma manera que ya no relacionamos Norma Shearer con ningún rostro, ella fue lo más parecido a una reina. Una reina del olvido. Vivió sólo para convertirse en estrella y lo consiguió, con una envidiable y meritoria capacidad de sufrimiento y determinación. Pero la faltaba ese algo que alimenta las leyendas, esa chispa que la hubiera hecho incapaz de interpretar su propia vida como lo hubieran hecho los ojos de la Davis o la figura inquieta de la Hepburn, la actriz, no la muñeca de porcelana a la que todo el mundo tenía que amar sí o sí, Audrey, otra manera de ser estrella, algo que tampoco tenía Norma.

Lo que sí tenía la Shearer eran ganas de convertirse en actriz. Y el convencimiento íntimo de que podía conseguirlo si luchaba por ello hasta conseguirlo. Ese convencimiento fue lo que la impulsó de las clases de teatro de su niñez y adolescencia en Montreal a los estudios del legendario Hollywood de finales de los años 20 pasando por los escenarios de Nueva York, su primer paso dentro del negocio del espectáculo y de los Estados Unidos. Ya en la ciudad de los sueños, fue su determinación en seguir adelante más que sus capacidades de actuación o su físico, ambas cosas nada fuera de lo común, lo que la consiguió mejores papeles cada vez, apelando a directores, productores, técnicos de iluminación o lo que hiciera falta, con tal de que la sirvieran para situarse un poco más arriba.

De hecho, el empuje definitivo para su carrera vino de su matrimonio con uno de los ejecutivos más importantes -seguramente el que más- de la época, el “Chico Maravilla” de la MGM, Irving Thalberg, que la dirigió eligiendo sus películas y sus apariciones hasta hacerla llegar donde siempre había querido, lo más alto, junto con la Garbo, al lado de Jean Harlow, en el mismo peldaño que aquella que no tuvo reparos en quejarse de que no había manera de competir con quien se acostaba con el jefe, la siempre caústica Joan Crawford. Incluso en esa situación, nunca paró de querer mejorar, como cuando descubrió a un fotógrafo que marcaría una época en Hollywood, George Hurrell, para que la hiciera una sesión con una imagen más sofisticada en busca de dar la talla para un papel que, finalmente, consiguió.

Recomendado por Adolfo SuárezPoquita Cosa.

Sin embargo, la película de la vida de Norma Shearer que imaginamos interpretando a Bette Davis esconde un último giro de guión: la muerte prematura de Irving Thalberg, su marido y su mayor valedor, en 1936, debido a su precaria salud, que ya desde niño le había dado más de un disgusto y que no aguantó las complicaciones de un simple resfríado. Como si hubiera agotado ya sus últimas fuerzas, la carrera de su mujer no encajó bien el golpe y comenzó su decadencia, aunque curiosamente le esperasen las mejores interpretaciones de su carrera, como su papel en Las mujeres, de George Cukor, quizás porque había aprendido ya las claves del oficio, quizás porque el dolor la había hecho más sincera consigo misma y con el público. El caso es que ese fue su último importante, y terminó haciendo su Greta Garbo particular, retirándose en 1942, aunque es probable que a diferencia de la estrella sueca no fuera exactamente su elección.

Nos podemos imaginar la última escena de La reina del olvido, con Bette Davis levantándose del sillón donde ha estado recordando su vida. Estamos en 1983, y seguimos la escena mientras se dirige a la puerta de la estancia. La escuchamos toser, debido a la neumonía que terminará por llevársela, y junto con su mirada recorremos los recuerdos de toda una vida que guardan las paredes y los muebles de la habitación. Luego, su figura se recorta contra la puerta al tiempo que apaga las luces para convertirse en una silueta que se pierde al tiempo que un The End en letras de cuando las películas terminaban con The End ocupa la pantalla y nosotros volvemos a pensar lo buena que era Bette Davis y lo interesante que fue la vida de Norma Shearer.

El 66 de sunset boulevard

El cine como arte y el arte como cine, que ya lo decía Canudo en su Manifiesto de las siete artes. Delicia visual y placer auditivo que cada jueves apoyados en el extraordinario título de Billy Wilder, Adolfo Suárez, con el 66 por bandera, nos acercará en un recorrido de historias y personajes a través de una perspectiva histórica.

Oops

La versión más personal de todos nosotros, los que hacemos Loff.it. Hallazgos que nos gustan, nos inquietan, nos llenan, nos tocan y que queremos comentar contigo. Te los contamos de una forma distinta, próxima, como si estuviéramos sentados a una mesa tomando un café contigo.

Meta información

Newsletter

No te pierdas nada, que saber no ocupa lugar.