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Breguet lo vuelve a conseguir con el Marine Équation Marchante. Un reloj único.

Breguet nos vuelve a sorprender una vez más. Esta vez con el Marine Équation Marchante, otra obra de arte de la ingeniería relojera.

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Cuanto más se adentra uno en las creaciones de Abraham Louis Breguet más sorprendido se queda. Atónito incluso. Y no es una cuestión de grandes personalidad de la historia que fueron clientes de la casa Breguet. Es por cada una de las piezas que salieron de su ingenio creativo, pero sobre todo por la gran cantidad de inventos y lo que han supuesto para la humanidad.

Y entre uno de sus muchos inventos, el haber sabido resolver el problema entre la hora civil y la hora solar verdadera creando los modelos con ecuación del tiempo más fiables de la época, fundamental en la navegación cuando todo el comercio mundial dependía de ella. Piensa que estamos hablando de 1824 y por aquel entonces ni se soñaba con el GPS (de hecho la invención del GPS resultó ser casi casual) ni con nada parecido a la tecnología que se nos ha hecho común en tan poco tiempo a todos.

Si no eres un apasionado de los relojes puede que no sepas lo que es una ecuación de tiempo. Es sencillo. La tierra gira alrededor del sol. Según se acerca al sol acelera la velocidad, y se frena según se aleja en una trayectoria elíptica. Además no se está quieta, rotación, nutación, … vamos que no tiene un movimiento circular perfecto. Esto lo sabemos todo. De lo que no todos somos conscientes es de que como no la tierra no tiene un movimiento regular, circular y estable las horas solares no coinciden con las horas con las que medimos nuestro tiempo. Sabemos que los días son más largos en verano y más cortos en invierno, pero que las horas solares no coinciden con nuestras horas diarias es otro cantar.

De hecho hay una variación, según la época del año, de más de 30 minutos sobre la hora que se define en la medianoche de Greenwich. 16 minutos y 33 segundos arriba el 3 de noviembre, 14 minutos y 6 segundos el 12 de febrero. Ambas horas, la solar y la civil, sólo coinciden en cuatro días al año: el 15 de abril, el 13 de junio, el 1 de septiembre y el 25 de diciembre.

Pues esto, que puede parecerte poco útil en tu vida hoy es fundamental en la navegación sin tus GPS, para calcular las distancias, por ejemplo. Y es una gran complicación de la relojería, una que se resolvió hace más de 200 años. Puro ingenio humano, vamos. Una gran complicación que apreciamos hoy en las mejores piezas de la relojería, como en este apasionante Breguet Marine Équation Marchante en el que no sólo tenemos una aguja que indica los minutos solares exactos si no que está ahí a la vista el engranaje que lo hace posible, sobre el tourbillón. Y el tourbillon, invento de Louis Breguet para compensar el efecto que produce la gravedad sobre el volante y la rueda de escape (no dejes de ver nuestro Glosario de Terminos de Relojería si tienes dudas).

Las complicaciones del Marine Équation Marchante se completan con la reserva de marcha de 80 horas de autonomía que se carga con una masa oscilante de platino y con un Calendario Perpetuo, con el día en un arco entre las 9 y las 3, el día de la semana entre las 10 y las 11 y el mes entre la 1 y las 2. Y por supuesto rueda de escape y espiral de silicio que evita la interacción del magnetismo de la tierra.

Y más allá de las grandes complicaciones, un Breguet es una auténtica obra de arte en todas sus dimensiones. Desde la belleza del conjunto a los detalles, la gran personalidad de un reloj Breguet no es solo una cuestión de ingeniaría. Por ejemplo, el Guilloché, esa técnica decorativa que se utiliza para definir los espacios de cada complicación en las esferas, para una mejor legibilidad y un menor reflejo, tallando la esfera con un buril, lo introdujo en 1786 el mismo Breguet en la relojería y es un sello distintivo de la casa, como el acanalado de los flancos de la caja. El Guilloché de este grandísimo reloj, auténtica artesanía, representa un mar de ondas azul, más amplias en la esfera central, más juntas en la exterior.

Y este arte también se ve en la parte trasera del Marine Équation Marchante, tras el cristal de zafiro, en los puentes en los que hay grabado una escena marina con el navío de la Marina Real Francesa “Roya Louis” y la también muy marina rosa de los vientos sobre el barrilete. Porque una de las cosas que tiene un Breguet es que es digno de ser observado con detalle, ampliado, para apreciar también el finísimo trabajo decorativo tanto como el volumen de los números romanos que indican las horas o los puntos luminiscentes.

Firmado y numerado, con una caja de platino 950, 57 joyas, fondo de zafiro, hermético hasta 10 bar, correa de piel de aligator con hebilla de oro desplegable, el Breguet Marine Équation Marchante es una de esas grandes piezas de la relojería, en todos los sentidos. También está disponible en oro rosa de 18 kilates con esfera de oro plateada y movimiento antracita.

Su precio se nos escapa, pero no es tan importante como esta obra de arte de la ingeniería relojera. 226.200€ en su versión de platino y 211,100€ el de oro rosa.

Breguet lo vuelve a hacer, una vez más, tras 242 años de producción de la más alta calidad e innovación, sorprendiéndonos.

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