El 66 de Sunset Boulevard+por Ricardo Basurto

In the mood…

Ceceño, un pueblecito cántabro en un alto con vistas al mar más allá del campo de golf de Oyambre, bordeado por la ría de la Rabia...

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Ceceño, un pueblecito cántabro en un alto con vistas al mar más allá del campo de golf de Oyambre, bordeado por la ría de la Rabia, sobre un magnífico paisaje gris, azul, beige, verde, no muy lejos de la incomparable Comillas. Llueve, claro, que para eso es norte Cántabro y está mayo aún reciente. Llueve y parece que seguirá sin parar hasta el tercer día, el de vuelta. La casa, en la que esperan Pilar y Sel, está pensada con el cuerpo que sabe de la humedad y del frío de norte, y completa de objetos y utensilios recuperados de la desaparición. Un estilo diametralmente opuesto a la otra, de la misma mano y del mismo buen gusto, en el Encinar de las Rozas en la que la única vez que estuve me dije “ésta, ésta es y así tiene que ser” y en la que creo empezó a nacer un verano atrás el sentimiento aspiracional sobre el que ha germinado loff.it.

Sobre una mesa, la inconfundible cubierta de “Lo bello y lo triste” un regalo para Pilar, recordado por un editorial, un halago viniendo de Sel. Y, entre la publicación de un review y preparar el siguiente, mantener activa la portada, cambiar el mosaico y retoques varios, logramos hablar de algunas lecturas que compartimos, de otras que no, y del cine. Del cine y las películas que podrían convertirse en un editorial en el que mencionar la debilidad personal por las películas de Wong Kar Wai, desde el (in)conveniente amor de “In the mood for love y los maravillosos vestidos que entallan a Maggie Cheung, al apasionado, intenso, breve tercio con Antonioni y Soderbergh, “Eros“, de la significancia de “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera” o “Hierro 3” del Coreano Kim Ki-Duk o de la cruda belleza metafórica y visual de “Dolls” del japonés Takeshi Kitano.

Y mientras volvemos de cenar por una carretera con curvas que pasa por un bosque de cuento, ya en silencio, vislumbro como los tres, chino, coreano y japonés, relatan e interpretan esa necesidad de vivir en amor sobre todo lo que existe. Y en ese silencio un momento lúcido me hace consciente de cómo un viernes de estreno de “My Blueberry Nights“, dos años atrás, esa misma fuerza me ha ido trayendo a estos amigos, a esta noche, a esta Cantabria y a esta conversación en la que parecen cerrarse varios círculos y en los que a buen seguro se han abierto otros que iré comprendiendo a medida que se cierren. Si es que no son tirabuzones de infinidad de hilos que se tocan a medida que se asciende.

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