El 66 de Sunset Boulevard+por Adolfo Suárez

A mí es que Robert de Niro…

No sé a vosotros, pero a mi Robert de Niro me produce una sensación especial

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… me acojona. Y mucho. Yo soy de esos que cuando él preguntaba en Taxi Driver si estábamos hablando con él, contestaba para sus adentros que para nada, que ni de lejos, que estaba hablando con el vecino del quinto por si tenía un poco de azúcar. A ver, no es un miedo de esos de oscuridad, de Drácula o la Bruja de Blancanieves (joder que miedo me daba), no. Ni siquiera miedo de esas películas japonesas con ruiditos y ojos detrás de cantidad de pelo, no. Es un miedo como de respeto, de no andarse con tonterías con ese tipo, de todo irá bien mientras yo esté en mi lugar y no la cague.

Es que le ves en la segunda parte de El Padrino, luego ves la primera otra vez, y la voz ronca de Marlon Brando acojona el doble. Y perdonarme, pero es que la palabra es acojonar. Porque Robert de Niro da miedo sin amenazas, gritos o similares. Da miedo como un examen de Física de Don Gregorio, como la primera cita con una chica, como el primer viaje en coche cuando te daban el carnet. Es un miedo calculado, de respeto. Si es que entiendo perfectamente a Ben Stiller en Los Padres de Ella, porque es una comedia, pero te ríes de las cosas de su suegro no como te ríes de Jack Lemmon o Chaplin, no. Te ríes porque comprendes a Follen y su acojone con el padre de su novia.

Y que decir de Uno de los Nuestros, de Casino, Érase una vez en América, El Cazador, El Corazón del Ángel, El Cabo del Miedo, Los Intocables, Heat, Toro Salvaje. Personajes que imponen respeto, que impresionan. Personajes que dan miedo como Batman pero sin traje ni cachivaches, sin ni siquiera tener que decir “Soy Batman”. Son los que mandan, por la sencilla razón de que han nacido así. En Hombres de honor, película en la que interpreta a un oficial de la Marina, lo que mas choca es que el resto de oficiales no se cuadren inmediatamente al verlo, tengan en sus  hombros las estrellas que tengan. Pero puede que sea porque no necesita tener estrellas, coronas o símbolos para mandar. A bote pronto, creo que nunca ha interpretado a un rey, a un presidente, a un gobernante. No es lo suyo. No le gusta el poder, lo suyo es acojonar.

Ahora anda el hombre haciendo comedietas sin importancia, asuntos de poca cosa, películas donde actúa poco, a beneficio de inventario y de chequera. Puede que ya no dé demasiado miedo, pero a mí, que queréis que os diga… me sigue pareciendo un actor acojonante.

 

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