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Peter Hujar, el poeta visual del downtown neoyorquino.

La Fundación Mapfre presenta en la Sala Garriga i Nogués de Barcelona la retrospectiva 'Peter Hujar. A la velocidad de la vida'.

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En enero de 1986, abría sus puertas en la Gracie Mansion Gallery de Nueva York la primera y única muestra dedicada en vida al fotógrafo Peter Hujar. Él mismo pasó varios días ordenando las imágenes de forma que se presentasen como una continuidad visual. Al margen de su círculo personal, no fue Hujar un artista conocido. Pues aunque toda su vida se debatió entre el deseo de reconocimiento y el desdén por figuras que consideraba arribistas indignos de una celebridad tan desmesurada, acabó por decantarse del lado de los que él llamaba los “todo incluido”: artistas comprometidos con una línea creativa personal, indiferentes a las alabanzas del mercado. De ahí su inquina hacia Robert Mapplethorpe. Un simple operario, afirmaba, que sin embargo admiró profundamente la obra de su detractor.

Coetáneo de Richard Avedon e Irving Penn, seguidor de ambos, Hujar realizó algunos trabajos en el mundo de la fotografía de moda (Harper’s Bazaar y GQ), básicamente para sobrevivir. Sin embargo jamás quiso someterse a las reglas del mercado. Tampoco se prodigaba entre los marchantes de arte. Tal vez por su inseguridad crónica (fruto de una infancia complicada), quizá por su carácter solitario, prefirió centrarse en los mundos gay y drag, la contracultura neoyorquina de los 68, 70 y 80, los estragos del sida entre sus amigos, enfermedad que lo fulminó con apenas 53. Frecuentó los círculos de Susan Sontag y la Factoría Warhol. Pese a su timidez, la relación con su círculo íntimo era entrañable. Como la que mantenía con los modelos retratados. Para él cada objeto/persona/animal protagonista de su fotografía era un ser único. Ese es precisamente uno de los principales rasgos de su obra.

Como el blanco y negro ylos formatos medianos y cuadrados. Peter Hujar expresa a través de su trabajo un universo contradictorio, el suyo, marcado por el abandono y el afán de inmortalizar la ciudad, los movimientos sociales, la liberación sexual. Sin embargo sus fotografías son intimistas y serenas. No busca escenarios callejeros, sino de estudio. Calculados al milímetro. A través de imágenes sencillas, emotivas, refleja la realidad del downtown neoyorquino. El lado más cutre, sin cutrez; la vida y la muerte (otra de sus obsesiones); los barrios más deprimidos de Nueva York; lo insólito. Como un poeta de la desolación que, sin recrearse en el morbo ni en la desgracia, transmite su profunda desazón con el mundo.

La Fundación Mapfre presenta en la Sala Garriga i Nogués de Barcelona, Peter Hujar. A la velocidad de la vida. Una apasionante retrospectiva dedicada al fotógrafo norteamericano que  respeta también su personal representación visual. Por ello el montaje, semejante a un tablero de ajedrez donde conviven imágenes antagónicas, procura evitar la alineación de dos fotografías del mismo género. Sin eludir del todo el orden cronológico, la exposición hace conversar a las fotografías resaltando el concepto narrativo del artista, alimentando su misterio e interés en la búsqueda de la belleza no idealizada. Igualmente, la muestra afronta de manera velada el orden temático pues, como indica el comisario Joel Smith, se presenta la obra agrupada en conjuntos que plasman las inquietudes del artista, al tiempo que destacan la diversidad y las contradicciones internas de su trabajo.

Hurgar en la fotografía de Peter Hujar no sólo nos permite evocar los aspectos más decadentes de un Nueva York extinguido. También nos brinda la oportunidad de descifrar las incógnitas del arte marginal. No por la ausencia de calidad ni de valores, sino por la exaltación de los mismos. Así como profundizar acerca de las imposiciones de un mundo dominado por lo superfluo, lo material, en detrimento del rostro espiritual, etéreo y enigmático, inherente al ser humano. En medio del glamour y el despegue de la fotografía de moda, él retrata el deterioro, las ruinas industriales, los muelles abandonados…

Si hoy viera Hujar una de sus imágenes más gráficas ilustrando la portada de la novela de Hanya Yanagihara, Tan poca vida, tal vez daría por cumplida su misión como poeta visual del fin de un tiempo no necesariamente mejor. Ni peor.

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